Encontraron una solución
Fotos: Shutherstock
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Cuando los arrasó el huracán Otto los productores de leche de Guayabos no tenían como salir del problema, dice Seidy Arrieta.

Ella fue una de las que tenían finca lechera en ese lugar y de pronto su vida se derrumbó.

No obstante hoy Arrieta cuenta con 150 vacas, tiene su pastizal y ha construido su propio galerón donde tener el ganado. Ya sus animales no tienen que caminar kilómetro y medio como antes para llegar a una lechería.

El Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD) le dio la mano otorgándole un préstamo con garantía acorde con sus condiciones en ese momento, pero además recibió adecuada ayuda, conocimiento técnico y apropiado acompañamiento en general, por lo que hoy su realidad es otra.

Tanto el otorgamiento del crédito, como el esfuerzo de Seidy dieron buen resultado.

Además de Guayabo, Upala, Bijagua, y Aguas Claras de Bagaces, Los Chiles y una zona de Tilarán, fueron víctimas de las fuerzas de la naturaleza.

Esas fuerzas que muchos estudian para saber porque cambiaron su comportamiento e impactan con enorme potencia a zonas de Costa Rica y el mundo que antes solían tener climas estables, conocidos, previsibles.

De ahí lo oportuno de contar en nuestro país con el SBD, entre otros recursos, que permite a las micro, pequeñas y medianas empresas, salir en determinado momento de una situación que de continuar significaría la quiebra.

Precisamente, esa es la circunstancia en la que se encontraron muchos nacionales que de pronto no pudieron competir bien en el mundo globalizado al no recibir oportunamente el apoyo técnico y financiero que necesitaban.

Esto significó, en muchos casos, que debieran vender sus pequeñas fincas y migrar a las ciudades en busca de otro tipo de trabajo.

Pero si este no aparecía, la situación de esa familia, como la de tantas otras era la de sumarse a engrosar los cinturones de pobreza urbanos y de otras zonas del país, caldo de cultivo idóneo para que quienes viven fuera de la ley tiendan sus redes y los atrapen para beneficio personal o de bandas de delincuencia organizada.

Hay muchos otros casos que pueden mencionarse, como el de Efraín García Garro, un pequeño cafetalero quién cuenta en youtube cómo un crédito del SBD, que él considera muy bueno, accesible, le permitió comenzar a procesar el café que obtenían en fincas familiares y darle valor agregado.

“Si  no existiera Banca para el Desarrollo seguro hubiéramos desaparecido como pequeños productores”, dice Efraín García hoy desde su finca en progreso.

Para cumplir con los objetivos de la Ley 9274, el SBD coordina una serie de actividades y gestiones con operadores financieros regulados y no regulados, instituciones públicas, universidades, entidades privadas y el Instituto Nacional de Aprendizaje.

La actuación interinstitucional puede clasificarse en entidades de financiamiento, de acompañamiento empresarial y de innovación y emprendimiento.

En el caso de Coopesuperación R.L., su Gerente General, Julio Rojas Chavarría, explica que “mediante un crédito del SBD de 82 millones y medio de colones, logramos estabilizar las finanzas de la cooperativa que a partir de ese préstamo se proyecta adecuadamente”.

“Cuando empezamos nuestra empresa cooperativa tenía 30 personas. Hoy ya tenemos 55”, concluye Rojas.

Estos son algunos de los testimonios, provenientes de empresas pequeñas, que permiten comprender la misión que cumple el SBD en nuestro país.

 


Carmen Juncos y Ricardo Sossa

Editores jefes y Directores de proyectos

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