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Miércoles 28 Abril, 2010

Encima de la ley

Existe una jerarquía en el ámbito de las leyes, donde un tipo de norma prevalece sobre otro, así se facilita la interpretación cuando se presentan contradicciones. Pero la ley no es un fin en sí misma, pues hay sobre ella asuntos más importantes. Me explico: con la legislación se busca regular la convivencia humana, por lo que el ser humano es o debería ser su fin último. De lo anterior se presume que si nuestra coexistencia fuera autorregulada, la ley sería innecesaria.
Lawrence Kohlberg estableció un modelo para explicar el desarrollo moral del ser humano, el cual permite ilustrar de mejor manera este asunto. Tratando de hacer un resumen, este autor plantea que existen seis etapas de desarrollo en el ámbito moral, aunque no todas las personas completan el recorrido hasta la última de ellas. En la primera etapa, la principal razón para hacer lo correcto es evitar el castigo; en la segunda, es obtener lo que necesito sin perjudicar al otro. En la tercera, es la necesidad de ser visto como una buena persona por los demás; en la cuarta, es el respeto a la ley y al orden establecido. En la quinta, se reconocen los valores y derechos de los demás (el contrato social) y, en la sexta, la más difícil de alcanzar, se reconoce la existencia de principios éticos universales a los cuales la persona se adhiere.
La mayoría de nosotros alcanzamos solamente hasta la tercera o cuarta etapa, por ello se les denomina como el nivel convencional (común) y por eso necesitamos leyes que nos orienten sobre cómo actuar. Pero siempre hace falta que existan ciudadanos que estén en el nivel post-convencional (etapas cinco y seis), es decir, que estén sobre de la ley, sobre todo si pensamos en aquellos que hacen las normas o juzgan formalmente con base en ellas. Solo así nos garantizamos que habrá quien se pronuncie cuando una ley pierda su vigencia, cuando una norma no responda al espíritu (la intención) que le dio vida o cuando alguien trate de interpretarla en beneficio de unos intereses particulares, legales pero faltos de una valoración ética. En fin, cualquier distorsión que violente aquellos principios universales que están sobre cualquier ley.
El ser humano cambia, y en el proceso transforma la realidad social. Por eso la normativa que resguarda nuestra convivencia debe ajustarse a lo largo del tiempo. Por eso quienes son responsables de hacer esos ajustes deben ser capaces, además de interpretar la ley, de reconocer su trasfondo y no perder nunca la perspectiva sobre la razón de su existencia.

Rafael León Hernández
Psicólogo