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Encharralados

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 08 julio, 2015


El problema real es que la suma real de los diputados que avalaron el acuerdo, el 27 de junio, es tan solo una sexta parte de la totalidad de los diputados

Pizarrón

Encharralados


Una parte de la política nacional, y de sus actores, está encharralada, metida en un matorral, cubierta de maleza, por limpio que parezca el terreno o por el esfuerzo, de quienes se metieron en ese terreno político, de presentarlo sin ella.
En este matorral político están metidos, por ahora, cinco de los nueve diputados del Frente Amplio, cuatro de los 13 diputados de Partido Acción Ciudadana y algunos dirigentes sindicales del sector público.
Es un esfuerzo, sin lugar a dudas, de lograr en la diversidad de sus componentes, unidad de acción política en ciertos temas y proyectos legislativos. Lo que se ha acordado, más que un programa de lucha estratégico de corto, mediano o de largo plazo son unos temas alrededor de los cuales consideran que deben unirse para lograrlos. Esto no es condenable. Es defendible y plausible. Es válido en el escenario nacional y en la propia vida política.
La vida democrática nacional, en sus grandes momentos históricos, se ha hecho con acuerdos políticos de distintos sectores y fuerzas sociales.
El problema real es que la suma real de los diputados que avalaron el acuerdo, el viernes 27 de junio, es tan solo una sexta parte de la totalidad de los diputados, por más que se arropen de los partidos de los cuales son parte. Si fueran todos los diputados de ambos partidos serían el 33% de la totalidad de parlamentarios.
Y, lo más real, es que los siete partidos políticos que no participaron del acuerdo suman casi dos tercios de miembros de la Asamblea Legislativa, cantidad nada despreciable a considerar para acciones legislativas que quiera impulsar el Gobierno.
Del Frente Amplio sus figuras nacionales, representantes oficiales del partido y de la fracción parlamentaria, participaron.
Del Partido Acción Ciudadana su presidenta y, a título personal, el jefe de la fracción parlamentaria, que entiendo, asiste, como invitado, al Consejo de Gobierno, obviamente para coordinar políticas del Poder Ejecutivo con la fracción legislativa oficial del partido que está gobernando Costa Rica.
Si el Consejo de Gobierno se reúne los martes, y ya se había anunciado este encuentro en el matorral, debe entenderse que el Presidente de la República y su Ministro de la Presidencia, por lo menos ellos, estaban enterados de la reunión que iba a producirse el viernes siguiente, la cual se anunció, en su diseño, para apoyar al Gobierno frente a la oposición parlamentaria que dirige el Legislativo, y para neutralizarla en sus propósitos opositores.
Si no fue así, como lo ha dicho el presidente Solís, que no conocía ese acuerdo, hay que concluir que el Partido Acción Ciudadana y el Gobierno de Acción Ciudadana andan cada uno por su lado, con su propia agenda, con sus propios intereses, que el gobierno está más perdido que el niño en el templo, sin obispo que lo ilumine y… sin timonel. Tampoco hay un partido político al frente del gobierno, tal vez es un club de amigos de Luis Guillermo, y si el nuevo Ministro de la Presidencia estaba al margen de esta situación, poco favor le hace al gobierno y al Presidente con su cargo.
Hasta ahora lo acordado el 27 de junio es rústico, está charraleándose, quemándose, con peligro de disminuir el prestigio hasta ahora logrado de sus actores y la calidad de sus intenciones, por ineficaces que pueden resultar.

Vladimir de la Cruz