Enviar
Jueves 29 Abril, 2010


Exigir que se mantengan reservas en efectivo sobre los dineros que pertenecen a los ahorrantes de los fondos de inversión sin ganar intereses hará, necesariamente, que la retribución del inversionista decrezca

¿Encajar fondos de inversión?

La noticia de que el Banco Central pretende aplicar encajes sobre los fondos de inversión si no obedece a un error, abriría amplias dudas sobre la seriedad con que pretenden enfrentar el desafío de controlar la inflación.
Revisando los más elementales principios económicos y las prácticas de los mercados bursátiles, esta “propuesta”, del todo, carece de sentido.
Exigir que se mantengan reservas en efectivo sobre los dineros que pertenecen a los ahorrantes de los fondos de inversión sin ganar intereses hará, necesariamente, que la retribución del inversionista decrezca, y con ello caer en el riesgo de que este busque otros mercados en el exterior donde colocar sus recursos, o, en su defecto, encarecer aún más el crédito en este país. El Estado tendría que pagar más por los recursos que obtiene para su financiamiento y con ello, desmejorar los niveles de endeudamiento y, paradójicamente, el propio Banco Central aumentaría sus pérdidas, al intentar contraer la cantidad de dinero de la economía.
Se aplican encajes para controlar la inflación, en la medida en que los agentes económicos “crean” dinero, a través de la intermediación financiera; esto es, al tomar recursos de cuentas corrientes o similares, y prestarlas al público. Y al redepositar en la misma institución o en otra, y al volver a prestar y a redepositar, de esta manera se crea medio circulante, sin necesidad de que el Banco Central lo emita nuevamente.
A este fenómeno se le llama el efecto multiplicador del dinero, el cual en esencia se da por medio de la banca.
Sin embargo, cuando se habla de encajar los fondos de inversión, no es posible ubicarlos en ningún renglón de intermediación, ya que los fondos son instrumentos de “inversión patrimonial” y no funcionan para otorgar créditos, ni crear dinero secundario (como si fuesen bancos). Bajo esta “lógica” de ciertos técnicos del Central, la emisión de acciones de empresas públicas o privadas, será a partir de este nuevo régimen, “encajable”. Y ni que decir de los Bonos de Deuda Interna del Ministerio de Hacienda.
Lo que se tiene claro es que, en función a un mayor desarrollo de la actividad bursátil de un país, esto genera una correlación positiva con la atracción de inversiones y por lo tanto con el crecimiento y el desarrollo.
Cabe resaltar que la proporción de dinero que se mantiene en fondos de inversión no llega a representar ni el 8% de los pasivos de los bancos; lo que hace pensar que si los fondos fuesen encajados, lo harían en proporción a los títulos que tienen tanto del Ministerio de Hacienda, así como del Banco Central, del Banco Popular y otros títulos no encajados. De ser así, los gestores de fondos procurarán no comprar valores de dichos entes emisores, con lo cual el mismo Banco Central se estaría “disparando en el zapato”, pues restaría atractivo a sus propios títulos, y de otros entes estatales, si no incrementan los intereses que pagan, lo cual, al final de la historia, se convierte en un aumento en los costos de esterilización monetaria.
Con todo respeto, de prosperar esta ocurrencia, además de los efectos contraproducentes que le producirían al Central, el mensaje que le daría al país es que, no importa a qué costo, la inflación hay que atacarla, aunque en el camino queden “muertos y heridos”. Y matar al mercado bursátil y en particular a los fondos de inversión, sería de las más espantosas “pifias” en que el Banco Central podría incurrir. ¿O será que ese es su objetivo?

Randall Castro Vargas
Economista