Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 24 Enero, 2014

O damos un golpe de timón o se van a perder la paz, la tranquilidad y nuestro paradigma maravilloso de país


Sinceramente

¡En vísperas de elección!

A lo largo de estos últimos seis meses he venido analizando la temática política nacional. Comencé por analizar el país que querríamos, las reformas políticas e institucionales que Costa Rica necesita y desea.
Luego he analizado y discutido las reacciones electorales de los votantes frente a la campaña que ha colocado a la clase política nacional en la mente de los costarricenses, como un atajo de corruptos, e igualmente calificando a los candidatos y partidos aunque no hayan ejercido poder público, como los “mismos de siempre”, arropándolos con un manto de corrupción y de complicidad.


Pruebas no ha aportado nadie. Infundios son la base de todo. Las acusaciones contra los “corruptos de siempre” no han sido nada más que rumores, sospechas, acusaciones sin base ni prueba. Hemos visto cómo el principio de presunción de inocencia ha sido reemplazado por el principio de presunción de culpabilidad. Muchos acusan una grave impunidad judicial por no producirse rápidas condenatorias, denuncias que no han llegado siquiera a plasmar acusaciones.
La legitimidad del liderazgo político nacional ha sido despedazada. La democracia representativa y de partidos que hemos vivido ha sido el blanco de toda esta cuidadosa estrategia. Es a los partidos a los que se ha planeado asesinar en su carácter. Es la legitimidad del liderazgo político la que se ha deseado hacer jirones. Es a los líderes nacionales a los que se cuestiona y a punta de rumores se ha deseado despedazar. Una sesuda estrategia para destruir el sistema ha sido ejecutada. Estamos viendo los frutos de cuanto algunos han hecho por acabar con líderes y partidos.
Un millón doscientos cincuenta mil costarricenses viven en la pobreza y trescientos cincuenta mil en la miseria, a pesar de que seiscientos mil millones se gastan, ineficientemente, cada año en programas sociales. Este rezago de pobreza, de ignorancia, de desempleo, de desesperación y de dolor está impactando esta elección. Esa enorme masa humana ha sido acusada como resultado de las políticas de libre comercio y de apertura económica, y es puesta como ejemplo de las presuntas fallidas políticas neoliberales. Nadie habla de la crisis financiera internacional de 2007 y sus secuelas. Nadie habla del impacto que para Costa Rica ha tenido esa crisis. Pocos hablan de que los impuestos necesarios para garantizar la estabilidad macroeconómica nunca se aprobaron. 
Vamos a elegir presidente y vicepresidentes y claro está a los diputados a la Asamblea Legislativa. La campaña antisistema ha cubierto de una profunda sombra de duda la honorabilidad, habilidad, y ejecutoria del liderazgo político nacional. ¡Quien resulte electo estará manchado! Ese propósito es claro y es crítico. Manchado el electo no podrá gobernar. ¿Y quién será electo? Pues el cuestionado, el manchado, ya que todos lo han sido. La idea es que si no es en esta, en la próxima el sistema se desplome. Los costarricenses estarán votando disgustados. Estarán votando resentidos. Este voto será una venganza contra quienes ellos han sido guiados a creer que son los culpables de todo lo malo que sucede en Costa Rica.
Ya la estrategia de los adversarios de la democracia ha sido desenmascarada. O damos un golpe de timón o se van a perder la paz, la tranquilidad y nuestro paradigma maravilloso de país.

Emilio Bruce
Profesor
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