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La solución a los problemas de la Caja no tiene secretos y los costarricenses saben que solo depende de una sola cosa: voluntad política

En la Caja, si se quiere se puede

La lectura de “los diez males” que aquejan a la Caja Costarricense de Seguro Social a la fecha, publicados por este medio ayer, son una clara demostración de que todos los males que sufren la entidad y los asegurados son la consecuencia de dos cosas: las deudas que con ella tienen tanto el Estado como las empresas privadas y la mala administración.
Queda claro también, una vez más, que lo que no hubo ni hay es la voluntad política para enmendar las dos graves fallas que podrían devolver a los asegurados su derecho, que por ley tienen, de recibir oportuna y buena atención médica en el sistema hospitalario y en los Ebais de la Seguridad Social.
Repasar solo algunos puntos deja, una vez más, como lo hemos repetido siempre, clara la situación.
Se perdió el 61% de los ¢335 mil millones que el Estado le debía a la Caja por concepto de atención a niños, adolescentes e indigentes, porque Eduardo Doryan, siendo presidente ejecutivo de la entidad, decidió permitirle al Estado no pagar ese monto de lo que adeudaba. Sobra decir que Doryan no tenía potestad para disponer de ese modo del dinero de la Caja en perjuicio directo de los asegurados.
Para este año hubo una reducción del 33% en el presupuesto para reemplazo de maquinaria de hospitales y clínicas.
Hay funcionarios ganando hasta ¢18 millones mensuales pero por otro lado las listas de espera no desaparecen porque el número de médicos especialistas no crece de manera suficiente, aunque en los últimos cinco años el número de empleados aumentó en 11 mil.
Mientras tanto, cada asegurado tarda en promedio hasta tres meses para ser diagnosticado y hay más de 450 mil pacientes en listas de espera para ser operados o recibir tratamiento.
La lista de errores de administración, de pluses y privilegios salariales, de falta de adecuado cobro de las deudas y otros problemas es larga. Pero se puede reducir la situación de la Caja a los dos principales males señalados al inicio: mala administración y abusos en la disposición que alteró las finanzas (cuando se le regalaron al Estado millones pertenecientes a la Caja) y se permitió el crecimiento de la deuda.
La solución a los problemas de la Caja y en especial al sistema de salud, a estas alturas no tiene secretos y los costarricenses saben que solo depende de una sola cosa: voluntad política. Depende de esta que la institución vuelva a cumplir a cabalidad con la misión que tiene por ley.
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