Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 2 Mayo, 2016

 Esta apertura al discernimiento de los pastores para que adecúen las reglas a las circunstancias de las personas, no implica, sin embargo, menoscabo a reglas de conducta que la Iglesia profesa


Disyuntivas

En casos específicos misericordia, pero rigen las reglas

Después de dos sínodos sobre la familia, el papa Francisco brinda sus conclusiones en la exhortación apostólica Amoris Laetitia (La alegría del amor).
El Papa reafirma los principios doctrinarios que sobre estos temas ha mantenido la Iglesia, pero abre las puertas de la Iglesia para que brote de ellas hacia las personas y familias concretas en todos los casos, el amor, que es, para Dios y el prójimo, el mandamiento mayor que todo lo subordina.


Desde el inicio el Sumo Pontífice indica que es “una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia”… y alienta “a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo”.
A la par de las reglas que defienden el tesoro de doctrina de la Iglesia, el papa Francisco señala la necesidad de discernir la situación de los diferentes casos en que se produce la desintegración familiar y el establecimiento de familias entre personas divorciadas que viven una nueva unión. A pesar de que muchas personas desean una teología moral siempre precisa, señala el Obispo de Roma, que el imperio del amor exige una guía para pastores y fieles que distinga entre las reglas generales de conducta, y su aplicación a los casos concretos. Dada la diversidad que enriquece nuestras vidas, la multiplicidad de las circunstancias y de las características personales de cada familia, es imposible elaborar reglas generales que abarquen todos los posibles casos.
Esta apertura al discernimiento de los pastores para que adecúen las reglas a las circunstancias de las personas, no implica, sin embargo, menoscabo a reglas de conducta que la Iglesia profesa.
Así la exhortación señala respecto al aborto: “por amor a esta dignidad de la conciencia, la Iglesia rechaza con todas sus fuerzas las intervenciones coercitivas del Estado en favor de la anticoncepción, la esterilización e incluso del aborto. Estas medidas son inaceptables”.
Y respecto a matrimonio del mismo sexo: “…los Padres sinodales han hecho notar (respecto a) los proyectos de equiparación de las uniones entre personas homosexuales con el matrimonio, «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia [...] Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el “matrimonio” entre personas del mismo sexo».
Pero paralelamente el Papa Francisco reitera que la Iglesia debe vivir según el comportamiento de Jesús, que ofrece su ilimitado amor a todos sin excepción. Con relación a la situación de las personas con tendencias homosexuales declara que toda persona, “independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar todo signo de discriminación injusta”.
Siempre debe primar el amor.

Miguel Ángel Rodríguez