Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 21 Octubre, 2010


De cal y de arena
En cajita blanca

El problema, grave y cuidado si no desbordado y fuera de control ya, no es nuevo. Ni es desconocido para el grueso de los funcionarios públicos que han tenido y tienen que ver con el tema. Hace rato lo viene advirtiendo el Bureau for International Narcotics and Law Enforcement Affaire del gobierno estadounidense: el narcotráfico ha penetrado la institucionalidad pública como parte de su estrategia para asegurarse los desplazamientos por la región centroamericana convertida en zona de tránsito clave para el tráfico de drogas. La misma dependencia ha recalcado como asunto de importancia la actividad económica y delictiva de poderosos actores económicos presentes en el Istmo Centroamericano y con robustas e intensas relaciones extrarregionales (hacia el sur, Colombia; hacia el norte, México, Estados Unidos y Europa. De manera que las expresiones de sorpresa y aturdimiento con que se acompañan ciertos funcionarios ya con carrera en el mundo de la persecución del delito, no son de recibo. Es el caso de la Presidenta de la República, de los Viceministros de Seguridad Pública y de Gobernación, y de los directores de los órganos policiacos del Ejecutivo y del Judicial (excluyo al Ministro en la medida en que apenas lleva cinco meses en el cargo y suponiendo que cuando ejerció la Fiscalía General el mundo era otro), que seguramente y como parte de su trabajo leían los reportes del Departamento de Estado. Son ellos los llamados a rendir cuentas sobre las razones por las cuales Costa Rica ha caído en tal grado de inercia e indefensión como el que delatan los estrellonazos de un helicóptero en el Cerro de la Muerte y de una avioneta en el río Torres. Doña Laura podría decirnos, con la experiencia de una diputación, de una gestión ministerial en Seguridad Pública y de una Vicepresidencia, qué se dejó de hacer y por qué, al punto de que el narcotráfico llegara a contar con tiempo y espacio para imponer también la modalidad del sicariato al lado de su poder para corromper y extorsionar.
El narcotráfico tiene capacidad para poner de rodillas a todo un país y condicionar a su conveniencia al Estado de Derecho en función de garantizarse la impunidad. Fácilmente tendemos en Costa Rica a olvidar que los gravísimos problemas que viven las sociedades colombiana y mexicana están precedidos por distintas fases de conmoción social que bien podrían ser las que estamos viviendo. Escépticos unos, ingenuos otros, lentos los de allá y corruptos los de acullá, no les reconocimos la debida trascendencia a la llegada de Caro Quintero y a los apadrinamientos que le esperaban. Nos sosiegan las requisas de droga que hace la policía, insignificantes en el marco del tamaño del negocio, y con las operaciones de patrullaje conjunto e inteligencia con el gobierno de Estados Unidos que atienden la dimensión internacional del problema, no el efecto del golpe de cola en esta sociedad. La gran pregunta, entonces, es hasta dónde nos tiene tomados el narcotráfico y con qué instrumentos vamos a enfrentar su desafío. Porque es deprimente descubrir las redes del narcotráfico “por pura guaba” o dejar la integridad de un juez condicionada a los efectos de una oración a un santo. ¡Apenas para la cajita blanca!

Alvaro Madrigal