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Martes, 20 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


En la hoguera

Leopoldo Barrionuevo [email protected] | Sábado 19 julio, 2008


ELOGIOS
En la hoguera

Leopoldo Barrionuevo

Tuve un jefe inolvidable en Costa Rica: don Antonio Cañas Iraeta, quien cuando le llevábamos un proyecto de la Cervecería Costa Rica, no debidamente sustentado, nos respondía “Dejate a ver”, un término que significaba que estaba insatisfecho con la propuesta y en caso contrario te decía: “Dale viaje”.
Don Antonio me enseñó a ser más paciente con la realidad que íbamos construyendo a cada paso y saber esperar cuando los hechos no parecían claros.
Digo esto porque apenas se produjo el aluvión de noticias referente a Ingrid Betancourt (me encontraba por entonces en Medellín, participando en el Festival de Tango en homenaje a Gardel) y su rescate; recordé las circunstancias de su secuestro, originadas después de una advertencia de los servicios de inteligencia colombianos en el sentido de un probable secuestro en su incursión selvática (hace de esto casi siete años), algo así como un acto de imprudencia que no parecía agregar nada a su postulación como candidata a la presidencia de Colombia.
Pasaron años, la lucha por la liberación femenina nos trajo mujeres presidentas y candidatas y como en el caso de los hombres, algunas buenas y otras no tanto y es probable que Ingrid retome o no su bandera para volver a la política, tal vez sin más rival que el actual presidente Uribe. No lo sé, mientras vive sus momentos de gloria, desde los cuales uno comienza a despeñarse lentamente (“Toda gloria es efímera”).
La Betancourt, exaltada por la exuberancia de una ciudadana que la recalificó de Juana de Arco en La Nación, aunque fuera la presidenta Bachelet quien la bautizara así. Hasta el presente, se me hace insólita la comparancia, como decía el campesino. No la veo mejor ni peor que los que han sufrido esa estupidez de la FARC de gastar tiempo, esfuerzos y hasta humillaciones en gentes que son tanto o más importantes que algunos “notables”. Porque ha sido el dinero el triunfador: yo vi con mis ojos el aeropuerto de Rionegro, Antioquia, que sirve a Medellín, colmado de carteles semejando al Lejano Oeste, ofreciendo recompensas de un mil a cinco mil millones de pesos con las fotos de los principales cabecillas de la guerrilla.
Fue el dinero el que alcanzó a Torres en su refugio ecuatoriano y a tantos otros entregados en vida o sin ella, es decir, el dinero y la traición, lo que no debe extrañar en tropa reclutada sin ideales de gente que sufren los horrores de la selva a cambio de poco y nada y que la transitan trepando cerros por las noches para pernoctar durante el día; de ahí que cuando se pudo comprobar que el dinero se pagaba y era factible disfrutarlo a resguardo, el desbande fue un hecho.
Y ahora, tras la euforia inicial, reaparecen los sentimientos encontrados de los rescatados y los de tanta gente que no ve con agrado la intromisión del presidente francés, ni el rostro golpeado sin motivo de uno de los dos guerrilleros capturados (a no ser que se quiera disimular la entrega) y mucho menos que el domingo 20 de julio la Betancourt no vaya a asistir al desfile antisecuestro por temor y lo vea desde París en pantalla gigante. Los franceses no la van a votar.
Simultáneamente, Uribe mantuvo un perfil bajo, le dejó toda la gloria al Ejército colombiano después de haber sido denostado por la familia Pulecio, Chávez quedó con los crespos hechos, sin poder recibirla y las próximas jugadas mostrarán si la Betancourt aspira a destronar a Uribe, una misión imposible para las próximas elecciones, ya que todo lo favorece y no se puede hacer campaña desde los Campos Elíseos, a menos que sea para el Liceo Francés.
El Marketing Político está en juego, mientras tanto, el calificativo de “Juana de Arco” permanecerá en la hoguera. Hay que saber esperar.

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