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Empuje para Limón


La reciente firma entre Costa Rica y el Banco Mundial de un contrato crediticio por $72,5 millones, representa sin duda una esperanza para mejorar las condiciones de vida de una zona que por años ha estado abandonada y cargada de promesas sin cumplir.
Con los recursos, el Gobierno pretende impulsar la actividad turística en Limón, en donde cada año arriban miles de visitantes especialmente en cruceros.
Para ello el plan es dar un nuevo empuje cultural, embellecer el entorno urbano, dar nuevas oportunidades de empleo y, en general, hacer de esta provincia una zona más limpia y agradable para el visitante.
Actualmente la región es una de las más deprimidas del país, en donde más del 15% de sus pobladores no satisface las necesidades básicas de consumo, y otro 6% se encuentra bajo la línea de pobreza extrema.
Esta es una situación que debe cambiar definitivamente.
Los recursos ya aprobados sin duda son un buen empuje para comenzar, pero tampoco debe llevarnos a pensar que serán la tabla de salvación de la costa caribeña costarricense.
Los aportes económicos —importantes sin discusión alguna— deben obligatoriamente estar acompañados de adecuadas políticas gubernamentales y privadas que lleven más empleo y educación a la zona.
Sería ilusorio pensar que $72 millones permitirán, por sí solos, catapultar a una provincia a mejores oportunidades de desarrollo económico y social.
La región merece que cada día más empresas deseen instalarse en ella. Los niños y jóvenes merecen tener mejores ofertas laborales y para ello requieren mayores oportunidades de aprendizaje y capacitación.
Las reformas administrativas tampoco deben hacerse esperar. Los mecanismos para distribuir adecuadamente los recursos merecen un cambio, pues se ha demostrado que la provincia no ha logrado surgir de la situación apremiante en que por décadas ha estado.
De sobra no está recordar a los propios limonenses y a las autoridades fiscalizadoras, mantener un adecuado control sobre la forma en cómo se invertirán los dineros. En este aspecto, las malas experiencias del pasado nos han llevado a ser más suspicaces y maliciosos.
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