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Miércoles 11 Diciembre, 2013

“Los pobres son los mayores emprendedores del mundo, ya que cada día tienen que innovar para poder sobrevivir” Muhammad Yunus


Empresas sociales: vía para superar la pobreza

El 25 de noviembre asistí a la inauguración de Nutrivida, una iniciativa empresarial pionera en nuestro país, que responde al concepto de “empresa social” ideado por el Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus. Felicitaciones a los empresarios comprometidos con esta forma innovadora de Responsabilidad Social Empresarial. Según explica Yunus, una empresa social es aquella que opera sin pérdidas económicas ni dividendos, avocada en exclusiva a satisfacer un objetivo social.
Así, junto a las empresas tradicionales cuyo propósito es maximizar los beneficios, Yunus habla de empresas para las cuales el interés no es maximizar ganancias individuales, sino satisfacer necesidades sociales.
Las empresas sociales tienen las mismas características que las tradicionales, pero una vez recuperado el capital inicial aportado por los inversionistas, no se reparten dividendos, sino que los beneficios —en su totalidad— son reinvertidos en las propias empresas para que estas alcancen con mayor profundidad y universalidad sus objetivos sociales. Además, las empresas sociales responden a las siguientes características:
Primero: El objetivo empresarial es superar algún problema social asociado a la carencia de recursos económicos, acceso a la educación, la salud, la ciencia, la tecnología o la cultura.
Segundo: La empresa social debe ser sostenible en términos financieros y ambientales.
Tercero: La interacción armónica de la actividad económica con el medio ambiente.
Cuarto: Posee un sistema salarial de mercado en condiciones adecuadas de trabajo, respetándose la legislación laboral nacional e internacional, así como los derechos sociales.
Quinto: El dinero invertido vuelve y se reproduce a escala creciente en cada ciclo productivo, esto significa que su impacto social se vuelve sistémico, y no es esporádico ni filantrópico.
Yunus no concibe a las empresas sociales y a las tradicionales como excluyentes sino complementarias, y esto es decisivo.
En un país como el nuestro, donde apenas dos de cada diez costarricenses desean ser emprendedores, las empresas sociales pueden ser el inicio de una cultura emprendedora que poco a poco se extienda.
En esta misma dirección resulta fundamental propiciar alianzas entre empresarios, gobiernos, trabajadores, emprendedores, organizaciones no gubernamentales y universidades, a fin de unir recursos que permitan a muchos ciudadanos y ciudadanas crear empresas sociales y participar de modo directo en la solución de sus propios problemas.
Piénsese, por ejemplo, en los cientos de jóvenes profesionales recién graduados de las universidades, en los cientos de miles de jóvenes bachilleres que no logran ingresar a las universidades o en los jóvenes trabajadores que habitan en el Valle Central, en Guanacaste, en Puntarenas o en Limón. Si a ellos se les ofreciera la oportunidad de crear emprendimientos sociales, muchísimos la aprovecharían.
El papel que en este sentido puede jugar el sistema bancario, a través de microcréditos, es decisivo. No se trata, por supuesto, de que los bancos actuales dejen de existir, pero sí de impulsar la creación de una banca de microfinanciamientos cuyos clientes principales sean los emprendedores, en especial los más pobres.

 

Olman Segura Bonilla

Ministro de Trabajo y Seguridad Social