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Lunes 21 Enero, 2008

Emprendedores dinámicos


Empecemos por los conceptos. El término emprendimiento tiene varias acepciones. Para efectos prácticos, aquí lo entenderemos como “la capacidad para crear y desarrollar nuevas iniciativas empresariales”. Pero como suele suceder, el tiempo avanza y con él, la profundización del conocimiento; así, recientemente se habla de emprendimientos dinámicos. También para efectos prácticos nos concentraremos en algunas características de consenso, dentro de varias conceptualizaciones: son empresas que nacen con potencial de escalabilidad (para el caso de América Latina: nivel de ventas previsto para el primer año de US$100 mil con un incremento anual del 50%, de manera que al quinto año están facturando US$500 mil o más) y con capacidad para insertarse en el mercado global. Dentro de las variables para el éxito de este tipo de empresas, la literatura hace referencia a características propias de la personalidad del emprendedor, como la experiencia, la red de contactos, y a elementos del entorno, a la existencia de programas de apoyo específicos y de una política pública que fomente y facilite su desarrollo.
Las economías emergentes, sobre todo del este asiático, se han distinguido por el desarrollo de emprendimientos dinámicos y ahora se está tratando de trasladar ese tipo de experiencias a América Latina. El mayor impulsor en los últimos años es el BID, que recientemente ha destinado recursos a la promoción de estos modelos en varios países de América Latina.
Recientemente este organismo convocó en Costa Rica a expertos internacionales para validar una metodología denominada “Guía de emprendimientos dinámicos”. De esta experiencia quisiera rescatar un elemento que me hizo reflexionar acerca de nuestra realidad nacional.
La metodología incluye una forma de calcular cuántos emprendimientos dinámicos se necesitan en un país para que al cabo de cinco años se incremente el PIB en un 1%.
Sobre este particular es digno de considerar que: se incluyen etapas desde el nacimiento de la empresa. En los países donde el modelo ha tenido éxito, se promueve la empresariedad desde los niveles educativos básicos, no hay tanta traba burocrática para formar una empresa, existe una política pública definida al respecto así como varios mecanismos de apoyo, pero sobre todo que este conjunto de factores obedece a una estrategia de crecimiento muy bien planificada y para el largo plazo, porque en desarrollo no hay recetas microondas. En Costa Rica, aunque la ley pymes habla de fomentar nuevas empresas y existen esfuerzos dispersos de promoción de emprendimientos, no hemos llegado a cohesionar una política pública que claramente nos marque un derrotero. Existe una meta en el Plan Nacional de Desarrollo, de lograr que a 2010 las exportaciones alcancen un nivel de US$18 mil millones, es decir, prácticamente el doble de la cifra de este año. ¿Sabemos cuántas empresas necesitamos para lograr esa meta? ¿Existe una metodología para apoyar a ese número mágico de empresas que nos va a disparar las exportaciones en acciones puntuales?
Seamos cautos e inteligentes a la hora de “tropicalizar” modelos exitosos en otras latitudes. No nos autoengañemos. Aprendamos a usar la metodología y analicemos cuidadosamente nuestra propia realidad para ubicarnos en la magnitud del esfuerzo que requiere alcanzar con éxito nuestras metas.

Lucy Conejo Vargas
Máster en administración de empresas
Cédula 1-461-313