Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 4 Diciembre, 2009


Elecciones y Estado de Derecho


El pueblo de Costa Rica es admirable. Su historia demuestra que constituye lo que en astrofísica podríamos llamar una singularidad, sobre todo si tomamos en cuenta el entorno regional. La trayectoria a través de las diversas etapas de su historia política lo prueba, pues esta es de una lógica comparable tan solo a la precisión de las ciencias formales, como si de la demostración de un teorema se tratara. Veamos.
En el siglo XVII se formó nuestra identidad biológica, dado que, en razón de la hecatombe demográfica, se dio el mestizaje que caracteriza a las familias originarias del Valle Central, que configurarán la identidad nacional y serán el gestor principal de nuestra historia hasta finales del siglo XX. En la segunda mitad del siglo XVIII surge el liberalismo proveniente de las reformas borbónicas, que sobre todo se expande en los sectores dominantes de San José y Alajuela, ciudades que ejercerán una hegemonía que logran en la Batalla de Ochomogo (5 de abril de 1823) y que posibilita la proeza histórica de la creación del Estado Nacional a partir de su fundación con Carrillo, su lucha heroica con Juanito Mora que nos da nuestra identidad nacional y su consolidación institucional con los gobiernos liberales (Guardia, Fernández y Soto). El logro de mayor trascendencia histórica de esta primera generación de gobiernos liberales es la Reforma de la educación, iniciada por Julián Volio y llevada a su plena realización por Mauro Fernández (1886). Con la creación del Estado educador se emprende la alfabetización de nuestro pueblo, base de todo sistema democrático estable.
Pero los liberales de la segunda generación, denominada Generación del Olimpo (Cleto González, Ricardo Jiménez y Julio Acosta) y teniendo como mentor al gran jurisconsulto cubano Antonio Zambrana, su venerado maestro de la Escuela de Derecho en la Universidad de Santo Tomás, al llegar a la Presidencia en varios periodos, construyen el Estado de Derecho durante las primeras décadas del siglo XX. Con ello, se hace factible la consolidación de un sistema democrático viable en un momento en que en toda la región pululan las dictaduras militares (Centro América) o los periodos caóticos de sangrientas revoluciones (México). Las reformas a favor de la democracia electoral, hechas sobre todo en las diversas administraciones de don Ricardo, constituyen la mejor demostración de lo dicho.
Sin embargo, será la unión (no ideológica sino con base en un ambicioso programa de reformas sociales) de católicos que culmina en la década decisiva de los cuarenta con la llamada “alianza inverosímil” (el gobierno republicano del Dr. Calderón Guardia, la Iglesia de Monseñor Sanabria y el “comunismo a la tica” de Manuel Mora) la que logre crear el Estado Social, convertido luego en Estado Benefactor gracias a las profundas reformas emprendidas por la Junta de Gobierno, expresión política de los sectores que triunfaron en la Guerra Civil de 1948, con Don Pepe como jefe político y Rodrigo Facio como mentor ideológico.
Así se forjó y consolidó el sistema que nos ha dado esa admirable estabilidad política que ha caracterizado la vida de los costarricenses durante la segunda mitad del siglo XX.