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Lunes 6 Mayo, 2013

La democracia implica competencia por el poder, pero la misma no puede ser fruto de la vanidad de las elites sino resultado de visiones alternativas para el futuro


Elecciones distritales y democracia

El pasado 21 de abril se llevaron a cabo las votaciones distritales del Partido Liberación Nacional y de acuerdo con lo dicho por algunos votantes que asistieron, la actividad estuvo marcada por la distribución de bolsas de comida, becas de estudio, repartición de bonos de vivienda, ofrecimiento de puestos de trabajo y el pagar a los votantes a cambio de su apoyo político.
No obstante y pese a que esta práctica es ilegal, la distribución de la riqueza se convirtió en el botín político, porque algunos candidatos congregaron los votantes más pobres, para demostrar su capacidad de movilización, aprovechando la situación de pobreza que viven los ciudadanos, para acceder o mantenerse en el poder.
Esta claro que vender o comprar el voto es un acto de irresponsabilidad y cualquier intento debe ser denunciado porque el voto, además de secreto, es un deber cívico, que debe ser solamente para quien represente mejor los intereses del bien común.
La pobreza es un fenómeno social que muchas veces es aprovechado por sectores políticos a través del clientelismo estatal, para lograr sus objetivos personales y seguir teniendo rehenes a miles y a millones de personas en estado de subsistencia y dependencia.
No hay duda alguna de que la crisis económica y la pobreza ocasionada por la carencia de fuentes de empleo en los municipios, podría impulsar a los candidatos a continuar con el uso de estas prácticas antiguas y nocivas, poniendo en peligro la democracia, corrompiendo y lastimando los procesos electorales.
Esta realidad no es nueva pero sí vergonzosa. En pleno siglo XXI se siguen utilizando estas estrategias políticas basadas en las necesidades de los ciudadanos más vulnerables, evidenciando que este tipo de comportamiento debe ser repudiado por la sociedad y obligar a las autoridades y grupos políticos a que abandonen estas prácticas.
La lucha por el poder solo tiene sentido si ella busca ideales más amplios y si su propósito esencial es la competencia entre visiones alternativas sobre la mejor forma de organizar la sociedad.
La democracia implica competencia por el poder, pero esa competencia no puede ser fruto de la vanidad de las elites sino resultado de visiones alternativas para el futuro.
La democracia es una conquista histórica de las clases populares, por tanto, la prioridad política fundamental es su defensa y su perfeccionamiento. Lo que supone que las políticas y acciones sociales no deben ser clientelistas ni que vuelvan dependientes a las personas, sino deben permitir a las mismas salir del estado de pobreza.
Finalmente, la apatía, corrupción, ingobernabilidad, y el castigo electoral han tenido un crecimiento vertiginoso, que han impactado negativamente en nuestra sociedad desde el punto de vista de la confianza, credibilidad y progreso social, que bien puede afectar la democracia misma, si no hay un proceso más inclusivo, transparente y participativo.

Luis Fernando Allen Forbes
Director ejecutivo
Asociación Salvemos el Río Pacuare
[email protected]