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Martes 28 Diciembre, 2010

El viaje de 2010

Como nos decía el escritor y premio Nobel de literatura que nos ha dejado en este 2010 José Saramago: “El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje”. El viaje es solo una excusa que nos permite renacer cada vez que repensamos lo que hemos hecho y nos imaginamos hacia donde queremos ir. Este fin del año 2010 es entonces, un momento ideal para hacer un balance de lo que vivimos y por supuesto, pensar y proyectar lo que seremos en el 2011.
En este 2010, mientras vimos elevarse la majestuosa construcción del nuevo Estadio Nacional en el parque la Sabana, también tenemos que recordar las lecciones aprendidas y los desafíos que nos ha dejado este difícil año. En el recuento económico del año sobresalen tres importantes hechos que vale la pena recordar. Una economía que no termina de recuperar su dinamismo luego de la crisis del 2008-2009, un deterioro importante de los indicadores sociales que muestran un aumento en la pobreza y en la desigualdad social y una clara y más dura afectación, producto de los efectos de eventos naturales motivados por la enorme vulnerabilidad ambiental acumulada por décadas.
El deterioro del crecimiento ha sido claramente afectado por la desaceleración de la industria manufacturera y un dinamismo menor de la inversión extranjera y la demanda externa. La posibilidad de continuar expandiendo el gasto público fue frenada por el desequilibrio en lo fiscal y la incapacidad de ejecución de la inversión pública.
Por el lado social, el empleo se recuperó levemente pero no logró arrastrar ni los salarios reales, ni mucho menos el mercado de trabajo en los grupos de bajo poder adquisitivo, por lo que la pobreza y la desigualdad se ampliaron.
El aumento en la vulnerabilidad ambiental es quizás el reflejo latente de un modelo de gestión errático del territorio y de las políticas públicas de gestión local, algo que sin duda alguna golpea significativamente la economía año con año y da cuenta de un importante desafío para el futuro.
Mientras tres de cada cinco niños son pobres o altamente vulnerables a la pobreza y cerca de un millón de costarricenses se encuentre viviendo en el límite de satisfacción de sus necesidades básicas, el modelo de desarrollo país no puede considerarse exitoso.
La deuda más significativa es la necesaria reforma al interior de un modelo de gestión pública que se muestra agotado y que tiene  en la platina del Virilla su más claro ejemplo de incapacidad para hacer avanzar en la agenda de modernización económica social y ambiental del país. En síntesis el viaje de 2010 nos deja muchos desafíos por enfrentar en el próximo viaje de 2011.

Leiner Vargas Alfaro
Economista
[email protected]