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Jueves 21 Enero, 2010


Doña Ofelia promete dedicación, debemos permitirle demostrar sus propósitos y colaborar para que cumpla; sin juzgarla a priori

El sombrero de doña Ofelia

En una fábula un alacrán ruega a un sapo que le cruce el río sobre su lomo, quien no quiere porque si clava su ponzoña lo paraliza y ambos se ahogarían. El sapo acepta y a mitad del río el alacrán clava su ponzoña; al hundirse el sapo pregunta: ¿por qué hiciste eso?, el alacrán contesta: ¡fue el instinto!
Muchos actúan más por instinto que por la razón y por ello no podemos reclamar a los diputados elegir como Defensora a una colega: ¡actuaron por instinto!
¿Pediríamos a un político que actúe diferente si tiene vocación, formación e intención de hacer política, en un sistema basado en política y que forma parte de un cuerpo cuya esencia es la política? Eligieron dentro de la legalidad. ¡A golpe dado no hay quite! Doña Ofelia está nombrada por razones instintivas. Su gestión dependerá del sombrero que utilice: de política; de seguidora de una línea; o un papel protagónico sin beligerancia; pero quisiéramos que se ponga el del cargo y logre magníficos resultados.
¿Por qué tanta oposición a que una diputada cambie de acera y acepte un cargo de confrontación, denuncia y generador de conflictos? Las funciones del ombudsman son por naturaleza de reclamo, de alzar la voz contra sus copartidarios, correligionarios o políticos elegidos para una función pública.
Por error algunos defensores insisten en hablar de derechos humanos, ¡nada que ver. La responsabilidad es mucho más que eso, es la defensa no solo de los derechos sino también de los intereses, que son difusos, no escritos, no consignados en normas, que comprenden un variopinto de aspiraciones y deseos en procura de su bienestar.
¿Cómo lograr sus objetivos? Defendiendo a los habitantes y enfrentando a los jerarcas de instituciones que toman acciones contrarias a sus derechos e intereses. Ese es el sombrero que uno espera de una defensora, firme y valiente, dispuesta a mantener su pluma en ristre y luchar contra los molinos de viento, aun sabiendo que podrían vetarle su ingreso a palacios, o aplicarle tácticas de “enfriamiento”.
Las herramientas son limitadas, la ley solo concede la “magistratura de influencias”, sin vinculancia a sus resoluciones –—propias del poder jurisdiccional—, lo que convierte el éxito en una difícil misión, la de apoyar a quienes están en inferioridad de condiciones ante la magnitud del Estado. La “magistratura de influencias” es la fuerza de la razón, de convencimiento, de persuasión, que procura equilibrios entre los administradores y los administrados; por ello se requiere una persona honorable, inmaculada, y cuya ética y moral le permitan apoyarse en los medios de comunicación.
Doña Ofelia promete dedicación, debemos permitirle demostrar sus propósitos y colaborar para que cumpla; sin juzgarla a priori.
Si sus palabras son proféticas; con el apoyo de un personal identificado, especializado y con experiencia; y una excelente estructura física y administrativa, tendremos una gestión de ombudsman perfecta, … y si no “que Dios y la Patria os lo demanden”.

Alfredo Blanco Odio
Catedrático