Luis Fernado Rojas

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Sábado 29 Diciembre, 2007

El reloj no se detiene

Luis F. Rojas

Un día estás celebrando el año nuevo; cierras los ojos y ya estás comiendo sardinas en Semana Santa, das una vuelta y te dicen que vienen las vacaciones de medio año; no han cerrado los centros educativos, cuando ya hablas del Día de la Madre y sales de compras y te topas con los desfiles de setiembre, entonces piensas en que ya se acerca Navidad y te preparas, pero mientras lo haces ya casi que ha pasado el 24 y entonces te das cuenta de que hay que organizar la fiesta del 31 y, en ese momento es cuanto se te ocurre pensar: ¡Se nos fue el año!
Y ese “¡se nos fue el año!” solo tiene un significado en el que algunas veces no reparamos, o mejor dicho, lo obviamos por conveniencia: se me fue otro año; soy un año más viejo...¿y qué?
Y ese ¿y qué? no es de desafío, sino una interrogante que nos lleva a otra: ¿y qué hiciste?
Algunos no se complican; se quedan en el “¡se nos fue otro año!” y van para adelante con el siguiente; pero quienes llegan hasta el “¿y qué hiciste?” muchas veces se deben enfrentar a la cruda realidad de que en 365 días lo único que hicimos fue dejarnos devorar por el tiempo, por ese reloj que no se detiene, por ese trajín diario que nos absorbe y nos consume.
Esa cruda realidad nos dice que pospusimos muchas cosas para el otro mes; pero el otro mes llegó y pasó y aquellas cosas se quedaron en el saco de los pendientes con los que, tal vez, algún día, podamos reencontrarnos.
Si tenemos o nos damos tiempo a fin de año para meditar sobre estas cosas, quizá, solo quizá, podamos tomar un poco de conciencia sobre si realmente estamos disfrutando la vida, o simplemente estamos viviéndola.
Lo otro es seguir acelerados, quemando vida y así el chico que entró a la escuela se verá en un dos por tres graduándose en el colegio, pero en sus ansias por cumplir los 18 y obtener la licencia de conductor y no se sentirá siquiera cuándo obtuvo el título universitario.
Ese mismo, cuando ya lleve dos o tres años de estar levantándose todos los días para ir a trabajar quizá tenga un rato para pensar en los días de plena libertad, cuando papá lo daba todo y solo tenía que estudiar, comer y vivir...
Mientras vuelve a la realidad ya habrá dos o tres niños que hay que mantener, verlos crecer y enrumbarlos en la vida y en eso se consumirá mínimo un par de décadas al cabo de las cuales, antes de preguntarte qué has hecho con tu vida, tendrás a otros pequeñines, ya no tus hijos, sino tus nietos, ocupando el tiempo de los abuelos...
¿Abuelos? Cuanto te das cuenta de que sos abuelo, entonces irremediablemente verás como aquel estatus de pensionado que una vez viste muy, pero muy lejano, ya toca a la puerta y entonces, solo entonces, si se te ocurre pensar qué has hecho con tu vida, te percatarás de que ya la mayor parte de ella se quedó irremediablemente atrás.
Se viene un nuevo año y solo queda agradecer infinitamente a Dios que nos permite concluirlo con vida y preguntarnos qué vamos a hacer en el próximo: ¿Lo mismo?