Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 12 Septiembre, 2011


El regreso, ¿Volver o La Odisea?

Volver, de Gardel y Le Pera, es un tango de 1935 que habla del retorno del héroe a su tierra. Un Ulises que luego de veinte años regresa a su querida Buenos Aires. El Ulises de la Odisea vuelve a Itaca dónde aún lo espera su mujer, Penélope, y su hijo Telémaco. Tiresias, el adivino ciego que reaparece en tantas historias de la mitología griega, le señala al héroe el camino peligroso del regreso, pues el destino de Ulises no era morir lejos de su tierra sino volver a reunirse con los suyos.
La Odisea, atribuida a Homero, es la historia de un regreso. No solo es el viaje de Ulises, desde Troya a Itaca, sino el recorrido de la guerra hacia la paz. Un hombre que prefiere la vida a la fama inmortal que concede la muerte gloriosa.
En El regreso, la nueva película de Hernán Jiménez, el héroe no vuelve con la frente marchita como Gardel: tiene apenas treinta años, aunque su amigo de la adolescencia le diga que está viejo. Han pasado solo ocho o nueve años (no queda muy claro), pero al parecer el protagonista vive “con el alma aferrada a un dulce recuerdo, que llora otra vez”. Posiblemente por la muerte de su madre.
No viaja de la guerra a la paz como Ulises aunque venga de Nueva York y aterrice en San José. Es en su ciudad natal donde lo asaltan. No huye de la fama como el héroe de la Odisea: no sabemos si ha tenido éxito como novelista en los Estados Unidos pues afirma que es un escritor desempleado. Algo le han publicado según menciona su padre que, al parecer, si gozó de cierta fama en Costa Rica con sus libros.
Lo que sí queda clarísimo es que Antonio, el protagonista de la película, interpretado por el propio Hernán, tiene miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con su vida. Y lo dice sin decirlo y diciéndolo a su amigo, a su hermana, a su chica, a su padre, a su sobrino. Tiene miedo de las noches que, pobladas de recuerdos, encadenan su soñar. Su padre lo sabe y se lo dice.
“Y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor” habría dicho Ulises, parafraseando a Gardel y disfrazado de mendigo, justo antes a matar a todos los pretendientes de su fiel esposa.
Antonio tampoco quiere el regreso. Pero sin proponérselo, por obra de ese destino controlado por las Moiras griegas, se encuentra con su primer amor, una niña que conoció en la infancia y que lo devuelve a un tiempo feliz en un jardín lleno de helechos.
Nuestro Ulises es consciente de que el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar y es ese momento de su vida el que retrata El regreso. Y aunque el olvido que todo destruye haya matado su vieja ilusión, guarda escondida una esperanza humilde, que es toda la fortuna de su corazón. No lo dice, pero lo expresa en imágenes.
Como mi hija menor Valeria se va en pocos días por un año, quise que viera la película para que imagine su propio regreso. Fuimos con Sara, mi hija de intercambio que se enfrentará con su retorno a Italia en 2012. Yo, que me he ido y he vuelto algunas veces, quería ver El regreso de nuevo. No nos importó que la sala estuviera llena y sentarnos en la primera fila de butacas un lunes a las ocho y media de la noche: el éxito de un film costarricense nos pertenece a todos.
Así como Gardel se alegró al volver y Ulises festejó su llegada, nosotras celebramos El regreso.

Claudia Barrionuevo
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