Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 31 Diciembre, 2007

El recuento de los daños

Claudia Barrionuevo

Inevitablemente otra vez se repite —como todas las ceremonias— el fin de año y con él se despiertan las fantasías. Todos —o la mayoría, en todo caso— creemos que es posible volver a empezar. Ya saben: los propósitos del nuevo año que nos harán dejar atrás todo lo que no nos gusta de nosotros y emprender una nueva vida. Y aunque los años pasan y envejecemos (lo que quiere decir que nos volvemos cada vez más escépticos) todavía guardamos la esperanza de que los próximos 366 días —recordemos que 2008 es bisiesto— serán mejores que todos los anteriores. O que este que hoy concluye con 2007.
Y tomando en cuenta que Gloria Trevi —la de “El recuento de los daños”, mi canción favorita de karaoke— visitó nuestro país en octubre, le robo el título de su pieza máxima y decido hacer un recuento de nuestros daños. Aunque no sea la mejor manera de despedir 2007 sí es —tal vez— la forma óptima de recibir el año que empieza. Recordando tragedias y deseando que no se repitan.
No más, por favor no más, impunidad. Le pido al año nuevo que quienes usufructuaron de las arcas públicas, los que pagaron por asesinar a periodistas, los que provocaron accidentes automovilísticos letales, sean castigados. Que se revisen las leyes, que se actualicen las penas, que no tengamos que apiadarnos de las familias que han perdido seres queridos ni de nosotros —ciudadanos todos— que vemos como se roban el dinero que nos pertenece como sociedad.
Roguemos por volver a tener un país más solidario. Que la brecha social —que hoy por hoy es un abismo insondable— disminuya. Que cuidemos la salud y la educación de nuestros compatriotas y que todos puedan tener una vivienda digna.
Pido a 2008, año chino de la Rata, que los desastres naturales que nos han azotado provocando daños irreparables e incalculables —“hay demasiada destrucción” cantaría la Trevi— no nos golpeen demasiado. Me gustaría pedir que no sucedan pero al parecer eso es imposible aunque el gobierno norteamericano firme el protocolo de Kioto.
Deseo que la influencia de narcotráfico en nuestro país se acabe. Y estoy consciente de que mi solicitud es inútil, pero me duele ver la gran cantidad de dinero que puede comprar poderes grandes y pequeños, conciencias y vidas (con un sicariato que aumenta año con año)
Sueño con que los turistas sigan llegando a conocer un país tan exuberante como el nuestro pero quiero que dejemos de ser un destino sexual. Este deseo sí es posible con la voluntad de quienes pueden detener las redes de prostitución. Y —eso sí— deseo con toda mi alma que las niñas dejen de ser explotadas.
No voy a pedir que arreglen las carreteras porque ya muchos lo solicitan y —aunque mi carro sufre día con día— estoy convencida de que hay temas prioritarios como la inseguridad ciudadana, que con la reciente renuncia del director del OIJ pone en evidencia que estamos llegando al caos.
Me gustaría pensar que la vulgaridad, la estupidez y la frivolidad que nos venden a través de los medios —sobre todo la televisión— no sea comprada por los incautos.
Y sobre Zapote y Cuesta de Moras me encantaría… No, no quiero parecer tan ilusa pidiendo tantos deseos imposibles de cumplir.
¡Feliz año 2008 para todos!

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