Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

Enviar
Miércoles 3 Septiembre, 2014

Los tacotales que mostró (el Presidente) obligan a que en su gestión debe atenderlos para que no se repitan o crezcan


El Presidente en su laberinto

El presidente Luis Guillermo Solís en su informe sobre los primeros 100 días, se metió en su propio laberinto, del que le puede costar salir airoso. La finca encharralada que encontró, de la cual nos dio unas pinceladas, ofreciendo ampliar la lista de situaciones anómalas, no la ha despejado de esos charrales, tan solo los ha señalado y, lo peor, que los matorrales indicados le crecieron poniéndosele como un valladar del laberinto en que se metió. Veamos.
El Presidente señaló abusos, más que casos de corrupción concretos, encontrados en sus 100 primeros días, realizados por personas, sin mencionar a nadie, como los presidentes anteriores, los directores del país y de las instituciones, la clase gobernante y grupos empresariales. Ni un solo nombre responsable, generalidades que cada quien identifica según su entender.


Los términos para calificarlos fueron de abusos, contrataciones concentradas en una sola empresa, corrupción de no pagar impuestos usando múltiples artimañas, cuotas por cobrar, desorden, despilfarro, desvíos de dineros, espiral de corrupción que asfixia, impunidad frente al abuso y la corrupción, ineficiencia e irresponsabilidad administrativa y de los funcionarios, jefes sin subalternos, pago de horas extras a quienes no se les debió pagar, pagos de más a funcionarios como los maestros, país atrasado en competitividad, pensiones a muertos, programas sociales destinados a grupos de personas ricas, pagos atrasados a policías.
Respecto a las instituciones afirmó que algunas perdieron el rumbo, están sin inventarios, que sus oficinas públicas son desordenadas e ineficaces.
Dijo que los presidentes y gobernantes, los funcionarios públicos anteriores, han violado la ley y la Constitución Política, fueron alcahuetes y cómplices de todo lo anterior por tolerancia, por acción y omisión para frenar estos abusos, y gobernaron irresponsablemente. Indirectamente involucró a todos los funcionarios públicos, sin distinción.
Atacó la clase política como un todo, la calificó de inescrupulosa e ineficiente, que en la última década gobernó con inescrupulosidad, de cúpulas de poder que no le dejan gobernar. En una ocasión extendió sus acusaciones a los cuatro gobiernos anteriores, del PUSC y del PLN.
Los tacotales que mostró obligan a que en su gestión debe atenderlos para que no se repitan o crezcan, y los pueda limpiar de la administración a su cargo, de lo contrario, la vergüenza e indignidad que le provocó esta situación, va a ser más grande contra él y el PAC como partido gobernante.
Acusó a los grupos políticos de no cuidar el erario público, de resistir a su investigación, se le tiró encima a la Procuraduría y la Contraloría General de la República, como al Ministerio Público, haciéndolos corresponsables y cómplices del encharralamiento del país.
No dijo nada sobre las auditorías internas de cada ministerio e institución, ni de las externas que se contratan al efecto.
Atacó a la clase política, y al empresariado nacional, siendo él hoy el principal representante de la clase política en el poder, y de empresarios también. ¿Acaso no es así? ¿En nombre de quién gobierna? Del pueblo, todos los presidentes lo hacen igual. ¿De cuál grupo gobernante, si en el gobierno hay representantes de los grupos que gobernaron anteriormente?
El gobierno de cambio que ofreció puede llegar a ser tan solo un cambio de gobierno. ¡Cuidado!

Vladimir de la Cruz