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Lunes, 18 de marzo de 2019



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El poder es de quien lo ejerce

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 24 junio, 2010



De cal y de arena
El poder es de quien lo ejerce

Que nadie se llame a engaño. Está marcando su territorio, su mensaje es claro y elocuente, y si de algo no puede acusársele es de hipócrita. Rodrigo Arias Sánchez ha dicho qué busca y hace rato, desde su puente de mando entre 2006 y 2010, viene orientando sus pasos hacia ese objetivo.
Ninguno de sus movimientos contradice la estructura actual del poder político. Con su hermano Oscar él es pieza clave de esa estructura. Ambos poseen innegable influencia y puede decirse que bastante control de los órganos de su partido. Y con la oligarquía financiera y económica (a la que no son ajenos y con la que tanto comparten) y su brazo ejecutor los poderosos consorcios mediáticos están determinando la suerte del país.
No se conoce que esta estructura de poder esté cuarteada por las divisiones. Y como en un matrimonio de conveniencia, en el que la utilización es recíproca, los une un interés común: la ejecución del modelo de Estado y de la versión de país que se inspira en el Consenso de Washington.
No necesita ostentar legalmente el poder; lo importante es el poder de facto. Lo tiene y lo usa, en contraste con quien es depositaria legal del poder pero sin usarlo. Don Rodrigo ha formalizado su salida al ruedo con el evidente propósito de advertir a quienes quieran disputar sus ambiciones (llámense Toñito o Juancito) de que su maquinaria se mueve con sentido de aplanadora. Véanse, si no, cómo las estructuras del partido (diputados, munícipes, alcaldes y también ministros que acatan sus prevenciones en materia de generación eléctrica, dictadas para impedir que alguien se descarrile) empiezan a moverse como las veletas. ¡Al inteligente por señas; al tonto ni a palos!.
Liberación Nacional ha dejado de ser un partido político para convertirse en una maquinaria electoral. La premonición del Lic. Daniel Oduber se ha cumplido. Los hermanos Arias se han comprometido a fondo en que así sea, para hacer de sus estructuras la fuente de legitimación de su poder. Un poder tan grande como nunca lo ha tenido político alguno en Costa Rica, con influencias desperdigadas por todos los centros de mando del Estado donde puedan tomarse decisiones incidentes en el modelo de país construido a partir del Consenso de Washington con el que se ha aventado la economía, así sea al precio de acentuar la concentración de la riqueza y la desigualdad.
En el liberacionismo histórico hay quienes advierten de lo que significa este rumbo para la democracia costarricense y sus instituciones y claman por un viraje a fondo. Pero su grito no tiene eco porque más puede la “ley de hierro de las oligarquías” que no permite ceder un ápice de los centros de poder conquistados.
Pellízquense los costarricenses que no se hayan percatado de las dimensiones de la concentración de poder existente, del significado que tiene, de quiénes son los depositarios de esa concentración y de que estamos aquí como en los mejores tiempos del PRI en México. Solo que allá la concentración de poder estaba en y dimanaba desde un partido. Aquí es desde un apellido. Esto evoca que en Argentina decían “¡Cámpora a la presidencia, Perón al poder!”

Alvaro Madrigal

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