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El poder de la esperanza

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 08 junio, 2015


Disyuntivas

El poder de la esperanza

¡Qué tremendo y cruel es para una familia pobre sufrir la carencia de los bienes materiales más elementales! Y sin embargo esa no es toda su pena, y talvez ni siquiera la peor que padecen.
La familia que vive en la angustia de la falta de alimentos para sus hijos, la precariedad de su techo, la falta de vestido, vive en círculos envolventes de miseria y frustración que en muchísimos casos la conducen a la desesperanza. Se pierde la confianza en la posibilidad de salir de su dura y triste condición, se considera imposible generar los propios ingresos para superar la pobreza, y se cae en la dependencia en las donaciones como única forma de solventar sus carencias.
La economista de MIT Esther Duflo ha señalado: “La salud mental es esencial. La pobreza causa estrés, depresión y desesperanza, y esas condiciones a su vez causan pobreza”.
Y sin embargo la mayor riqueza y el arma más poderosa que poseen esas familias son sus propias capacidades. Como lo señaló Juan Pablo II en la celebración del Día del Trabajador en 1998 en una fábrica de cristales en el norte de Italia: “Para resolver la pobreza, debemos basarnos en las capacidades productivas de los pobres”.
Para lograrlo es preciso romper la trampa de la desesperanza.
Se requiere crear condiciones para que esas familias sumidas en la cruel pobreza puedan recuperar la confianza, la fe en sí mismas, su autoestima. Para que las familias pobres y sus comunidades vean en el esfuerzo propio una poderosa herramienta para su superación.
Un estudio realizado en Etiopía (información en mi página www.rodriguez.cr) comparó a personas pobres que tuvieron acceso a mensajes motivadores con otros dos grupos de similares condiciones, uno que más bien tuvo acceso a programas de entretenimiento y un tercer grupo al que no se le dio estímulo alguno.
Los resultados son concluyentes: las aspiraciones, el ahorro, el uso del crédito, la participación de los niños en las escuelas eran significativamente mayores en el grupo que recibió los mensajes motivacionales.
El cristianismo con su llamado a la superación personal puede ser un arma poderosa para desatar la fuerza constructiva de la esperanza, como nos lo recordó Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi.
Nicholas Kristof en su columna del 21 de mayo en el New York Times señala que en lugar de ser la religión como afirmó Marx “el opio (adormecedor) de los pueblos”, bien puede ser una anfetamina (estimuladora del sistema nervioso central).
Una prueba de la importancia de proveer a las familias pobres con instrumentos que les permitan confiar en su capacidad productiva lo brinda BRAC, que desde 1972 se dedica a favorecer a las familias pobres, primero en Bangladés y ahora en diez otros países.
Lo hacen con gran éxito (es la organización de voluntariado mayor del mundo) gracias a una visión holística encaminada a promover la inclusión, y sus instrumentos son las microfinanzas, la salud, servicios legales, desarrollo comunal y empresas sociales. Hoy día tienen más de 1.100.000 estudiantes en sus más de 38 mil escuelas de preescolar y primaria, más de 97 mil promotores de salud, más de 5 y medio millones de microacreedores.
El poder de la esperanza es una fuerza que debe estar presente en los programas sociales del Gobierno y que debe servir de inspiración para fomentar el voluntariado, y para promover y estimular sus acciones.

Miguel A. Rodríguez


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