El peso del liderazgo en la época del conocimiento
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Hace unos pocos siglos atrás, el conocimiento les pertenecía a unos pocos, los que tenían acceso a documentos, los que podían conversar con personas que tuvieran vivencias importantes, los que pertenecían a un “club particular” donde el conocimiento se hacía y se repartía. Por aquellos tiempos, estas personas eran consideradas líderes: religiosos, de la comunidad, de las tribus, entre otros. Y este liderazgo lo ejercían gracias principalmente a este conocimiento adicional que les permitía explicar cosas que otros no podían, o crear obras de arte con técnicas únicas.
Sin embargo, en esta era, el conocimiento se encuentra en la punta de nuestros dedos, con solo presionar unas cuantas letras tenemos acceso a información que, en aquellas épocas, era impensable. Debido a este bombardeo de información, que fácilmente se puede convertir en conocimiento particular o general, el liderazgo no se adquiere exclusivamente por sobresalir entre unos cuantos debido a las capacidades mentales.
Ya superada la era industrial, en plena era del conocimiento, los líderes deben recurrir a algo más que su conocimiento o expertise en el área de su desempeño, sino que deben enfocarse en el desarrollo de sus habilidades humanas. Es importante que conozcan a su equipo de trabajo, sus fortalezas y debilidades, y así poder enfocarse con prioridad en los factores que motivan a su personal a cargo a mejorar su desempeño, a querer entregar el 110% a sus tareas y objetivos.
Un buen líder es aquel que es capaz de autoanalizarse y conocer su estilo de liderazgo, así como el estilo de aprendizaje de su equipo. Ser líder implica ser un apoyo en el día a día para sus trabajadores, así como predicar con el ejemplo los valores y ética de la organización para la cual trabaja y así lograr que estas conductas se permeen en cascada a todo el personal.
El conocimiento pasa a un segundo plano en cuanto a generar confianza se refiere. Las personas actualmente buscan que quien tiene el mando del barco tenga la capacidad para tomar buenas decisiones, que beneficien a nivel personal y profesional, tanto al equipo de trabajo como a la organización. Por tanto, los líderes se posicionan y se reconocen por el nivel de empatía que logran hacer con su equipo de trabajo y estos le responderán con un desempeño eficiente.

Lucía Echeverría H.
Socia Factor Humano
www.factorhumanocr.com

 



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