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Jueves 14 Enero, 2010


El Peoresnada chingo, un domingo siete


La alta abstención habla bien del tico. El próximo domingo siete, si sumamos los que no irán a votar más los votos nulos y blancos, serán la segunda fuerza electoral. Este récord se debe a la campaña de 2010, histórica por su humor negro, es una mala comedia que hace reír un minuto, pero después deprime, como el chiste racista que una vez logra la risa con resentimiento o burla, se agota.
Si reunimos títeres inflables, gente chinga, y el menos malo, apenas alcanza para una parodia de marionetas “El peoresnada chingo” más liviana que una obra escolar, pero casi obscena. Es tan cruel como triste decir que elegimos presidente según su índice de maldad (dicen que el Menos Malo reemplazó al Max Malo). Una vez pasa la risa por la sorpresa, el repudio salta en forma de abstencionismo, el equivalente a la mala taquilla en el cine: no asisto porque no me identifico con la trama, los actores, o la historia es repetida.
¿Voto por el partido tal vez? Las ideologías el siglo XX hoy son irrelevantes. Al libertario de extrema derecha le dirige la campaña un marxista, y se limitan al tema de seguridad, una moda. El partido que proponía acción de los ciudadanos hoy nada más es la antítesis de Arias (reencarnado en TLC o Laura) ¿Si don Oscar se muere, ellos también?
Los que antes fueron socialdemócratas, hoy tienen miedo de decir abiertamente que son liberales moderados o progresistas, jamás usarían la satánica palabra neoliberal. El caso Caja Fischel no mostró nada de social ni de cristiano, ese partido apenas lucha por sobrevivir, tal vez en ocho o 12 años nadie se acuerde de los escándalos.
Los de izquierda están divididos en partidos minúsculos que solo se saben anti-capitalistas, pero no se definen entre Lula y Chávez. No hay dónde comulgar.
Tampoco elegimos entre varios candidatos; la campaña puso de único a don Oscar: ¿Lo reelijo o no? La polarización excluye del análisis a Ottones y Lauras. Ni hablar de los candidatos a diputados o munícipes; nadie los entrevista aunque después nos quejemos de nuestro Congreso. Otto nunca ha sido ejecutivo, solo diputado. Son maquillados y vestidos para proyectar lo que queremos ver, los conocemos menos cada día.
Nadie analiza ni comenta planes de gobierno.
El del PAC tiene plagios que no se corrigieron, ni siquiera encontraron al responsable; el ML lo publica cuando faltan tres semanas para votar. El PLN más que propuestas tiene promesas, muchas de las cuales nacieron con excusa de incumplimiento: se requiere aprobación del Congreso.
En el monotema seguridad, la mano suave la tienen los jueces que creen aún que pedirle un autógrafo quincenal a un narcotraficante es un castigo. La mano dura en el Ejecutivo no es la clave del problema, dos candidatos ya han sido ministros del ramo sin lograr éxito total. Esos planes son listas de metas sin plan de ejecución.
Al final votaremos por el mejor equipo de mercadeo; gana el que tenga más plata y sepa usarla para vender un candidato. La democracia tica ha caído a su peor nivel desde 1948. El diseño de mensajes es maquiavélicamente mercantil. “Prometamos seguridad de todos los sabores, aunque no sea factible, eso quiere oír la gente”
La abstención récord indica que el tico es ahora, gracias a Dios, un espectador más culto, un comprador más exigente. Si esto sigue en negativo, el público llegará a pensar que la democracia vale poco y buscará un “tirano bueno” aunque se brinque leyes.
Nótese el éxito del mensaje de “la mano dura todo lo cura”. En positivo, si cambiamos de política, y este momento parece el cambio generacional exacto; en manos de mejores electores, con más cerebro y menos hígado, es decir, mejores ciudadanos, podría surgir una mejor democracia, más moderna y más inteligente.

César Monge Conejo
Ingeniero
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