Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 22 Marzo, 2012


De cal y de arena
“El Palidejo”… ¿cuántos más?

Cayó Alejandro Jiménez González, más conocido en el bajo mundo como “El Palidejo”. Lo atrapó la Marina de Guerra de Colombia en una operación ejemplarmente llevada a cabo con la concurrencia de los otros cuerpos policiales comprometidos con la persecución del narcotráfico y la guerrilla. A juzgar por la relación de hechos transmitida por diferentes medios, aquello fue una filigrana a tono con las exigencias que deben satisfacer las autoridades ante las dimensiones del desafío que le plantan los cárteles de la droga.
La parte fea de este desenlace es que destapa las limitaciones de las policías de Costa Rica y de Panamá que perdieron la pista de quien figura con orden de captura internacional como sospechoso de ser el autor intelectual de la tentativa de matar a Henry Fariñas, en un incidente en que asesinaron a Facundo Cabral.
El asesinato y la tentativa se produjeron en Guatemala, parte de un entramado con piezas claves en Costa Rica, donde las autoridades seguían la pista a “El Palidejo” por blanqueo de capitales. Este delito en nuestro país ha alcanzado cotas escalofriantes a juzgar por los signos externos y a pesar del mutismo de los banqueros ante este corrosivo delito.
Semanas atrás una dependencia del gobierno estadounidense advirtió sobre las dimensiones del lavado de dinero en Centroamérica a la sombra del tráfico de la coca —un 60%— que llega a Estados Unidos. Es el cártel de Sinaloa el que sentó reales en Costa Rica, en Nicaragua y en Panamá y del cual al parecer “El Palidejo” actuaba como importante ficha de su ajedrez, enlazado con proveedores de droga de Colombia. En cosa de pocos años pasó de verdulero a ampuloso empresario.
¿Cuántos “palidejos” se movilizarán por la libre en estas nuestras ciudades alegres y confiadas? Es cierto que frecuentemente se frustra el tránsito de droga desde Suramérica hacia el norte y que igual se desbaratan bandas del narcotráfico local y se destruyen plantíos de marihuana. Pero algún mal olor que despiden estas actividades permite presumir que eso es solo la punta del iceberg y que el narcotráfico aquí presente es una realidad de dimensiones superiores a lo imaginable, de lo cual a veces tenemos constatación solo por accidente (como el helicóptero que se estrelló en el Cerro de la Muerte y la avioneta que igual suerte corrió en el río Virilla). Es evidente que estamos a la intemperie, inermes por la distancia (más bien indiferencia) que esta sociedad prefiere guardar, con cuerpos policiales insuficientemente preparados y apertrechados y a la buena gracia de los recursos que otros gobiernos dispongan para el nuestro (ayudas con el sesgo de preferencia por la confrontación militar). Ante esta realidad se hace evidente lo que acusa la última versión del Informe sobre el Estado de la Nación: “la contradicción entre el discurso político, que declara como prioritaria la lucha contra la corrupción y el lavado de dinero, y la poca inversión en estas materias”.

Alvaro Madrigal