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Viernes 21 Noviembre, 2014

El país ha pasado una quinta parte de los últimos 100 años jugando de casita


El país del palanganeo

La vieja máxima de “no dejes para mañana, lo que puedes hacer hoy” no se cumple en el país más feliz del mundo. Acatar la frase al pie de la letra podría no enmarcarse en la cultura arraigada del tico de no querer comprometerse a cumplir fechas ni horarios.
Es mejor ir por la vida sin ataduras ni disciplinas dejando que los problemas se resuelvan por sí solos, como si los mismos tuvieran vida propia y capacidad de decisión autónoma.
Esa manera de pensar, hoy nos pasa la guillotina con los principales hallazgos del equipo de investigación del Estado de la Nación, quizás el núcleo admonitorio de mayor calado intelectual que hemos creado como sociedad.
Y ese Tribunal dictó sentencia condenatoria. El país ha pasado una quinta parte de los últimos 100 años jugando de casita. Sin grandes urgencias, sin la palabra timón como norte, dándose de golpes en el pecho por los escasos avances y haciendo gestos de genuflexión ante la desidia de quienes tienen ante sí la toma de decisiones.
El paroxismo es tal que los agudos intelectuales han llamado “punto de inflexión” a la carrera desbocada de la inercia con que hemos vivido estos últimos 20 años. En un claro afán de alcanzar a otros países con indicadores económicos y sociales sobresalientes, pero sin la astucia ni el grado de acuciosidad para traspasar sus umbrales del desarrollo.
Más bien hemos dejado en el camino las evidencias de los descuidos: una educación al garete que ni forma ni democratiza, un ejercicio de la política que más parece un juego de niños rebeldes que una lección de gente madura, un crisol de voluntades dispersas que ante el mínimo desacuerdo se desbandan en forma irresponsable, una pléyade de mandos medios en la Administración Pública que están al acecho de privilegios y gollerías en vez de humildad y entrega.
Con esos atestados, Costa Rica ha caminado estos últimos quinquenios y hoy recibe la bofetada de lo que sembraron sus cuadros dirigentes.
Nadie se exime. Unos por acción y otros por omisión, hemos promovido la indiferencia como el único bastión de reclamo ante el ominoso panorama que nos han recetado quienes han tenido en sus manos la dirección patria. Hemos agachado la cabeza ante los desmanes y hoy estamos recibiendo lo que forjamos con nuestro desapego político.
Pero el palanganeo tiene su lado bueno. Hoy afrontamos la vergüenza de ser un país caro, desunido y con hondos problemas de desigualdad.
Trofeos que ante el concierto de las naciones deben conducirnos a levantar a este preciado país de su postración.
Es la hora de olvidarnos de discursos vacíos, triquiñuelas políticas y “bajadas de piso” y decidirnos de una vez por todas a caminar juntos por el desarrollo nacional.


Luis Alonso Vargas Ocampo

Periodista