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Viernes 2 Diciembre, 2011


Columna invitada
El país de los cascarones

Imaginemos qué sucedería si diseñamos la instalación y operación de una industria, con sus departamentos de producción, bodegas, control de calidad, distribución y administración, y luego de varios años de operar lo convertimos en un supermercado, sin hacer los cambios necesarios para el viraje en la actividad, de industria a comercio.
Eso es lo que ha sucedido en nuestro país. El Estado operó durante muchos años dentro de un modelo de bienestar social y de un solo plumazo los gobernantes empezaron a transformar ese modelo a la filosofía neoliberal, sin cambiar las reglas de juego, produciendo un verdadero caos en la administración.
En la Constitución Política de 1871 se designó un sistema capitalista de corte liberal, estableciendo en el Art. 50 que las actividades de orden privado estarían fuera del alcance de la Ley, o sea que el Estado no se metería en las acciones privadas. A partir de la reforma constitucional de 1943, que más bien fue una verdadera revolución, se dispuso agregar todo un Título a la Constitución Política que cambió el modelo disponiendo que el Estado debía intervenir para regular las actividades, procurar el mayor bienestar de los costarricenses, protegiendo, organizando y estimulando la producción y el más adecuado reparto de la riqueza; pasamos de un modelo liberal a un Estado reformista con todas las de Ley.
Así se crearon instituciones adaptadas al nuevo modelo como la Junta General de Abastos, que luego pasó a ser el Consejo Nacional de Producción; la Cooperativa de Casas Baratas que luego se transformó en el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo, y otras más.
Pero al pretender imponer el modelo neoliberal con más fuerza en la última década, todos esos organismos quedaron en desuso porque no se utilizó el camino correcto, mediante un cambio en la Constitución Política.
Los Gobiernos empezaron a privatizar sus actividades dejando las estructuras político-sociales del modelo anterior con lo que crearon grandes cascarones como el CNP, el INVU, y otros como los ministerios de Agricultura, Obras Públicas y Transportes y Salud, que cuentan con amplias instalaciones físicas, personal altamente especializado y conocimiento de la actividad, pero carecen de apoyo político para seguir desarrollando lo que por muchos años aprendieron y lograron con tanto éxito. Más recientemente vemos los casos de RACSA, BANHVI y quién sabe cuántos más se unirán a esta lista.
Ahora tenemos un Estado gigante, anquilosado, improductivo, que no sabe qué hacer con toda esa millonaria inversión en infraestructura y personal calificado ocioso, cuyo presupuesto es de billones y manejado por neoliberales que no se han podido quitar de encima las disposiciones constitucionales que les señalan un derrotero diferente.
A eso le llaman ingobernabilidad, pero nadie se ha atrevido a consultarle al pueblo si verdaderamente desea cambiar la filosofía política social consignada en la Constitución vigente de corte intervencionista y pasar a un modelo de filosofía neoliberal, con lo cual buscarían la forma de deshacerse de las anclas que los neoliberales temen enfrentar.

Alfredo Blanco Odio
Estadístico abogado
Doctorado en Estudios Latinoamericanos