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Los partidos políticos dejaron de reclutar a la mejor gente y de formarla para lo mejor. Se tornaron maquinarias electorales. Esto se refleja luego en el papel que sus miembros juegan en las instituciones públicas


El origen de los problemas políticos

Una tendencia ya de largo plazo en los habitantes a desconfiar y sentirse defraudados por las administraciones y por el papel jugado por el Estado, no es algo que deba subestimarse; por ello este medio dedicó espacio ayer a visibilizar el hecho de que no es un fenómeno que afecte solo al actual gobierno.
Por el contrario, si bien es cierto que la actual mandataria es quien más renuncias y despidos ha tenido que soportar, con la lógica afectación del desarrollo de planes y proyectos, una gráfica mostró que desde la administración de Luis Alberto Monge en adelante la tendencia a que estas cosas sucedan se viene incrementando en forma constante.
Sobre el tema diferentes personas han dado sus criterios acerca de cuáles son las causas del problema.
Se ha mencionado el deterioro y colapso a veces de los partidos políticos, el hecho de que los ciudadanos no se ven reflejados en dichos partidos porque no satisfacen sus intereses, expectativas o esperanzas, la ineficiencia de las instituciones, el incremento de las corrupción (siempre de doble vía: corruptos y corruptores), entre otros.
En realidad pareciera que los diferentes problemas mencionados se derivan del primero: deterioro de los partidos políticos.
Esto por cuanto es precisamente en el seno de estas agrupaciones, como lo hemos dicho en otras oportunidades, donde se van formando los políticos a quienes acudirán los partidos luego si obtienen el poder para encabezar ministerios, ocupar curules y en general los puestos como jerarcas de las instituciones del Estado o sus juntas directivas.
Es de ahí de donde surgen (no por artes de magia) quienes luego no dan la talla sino que llevan a las instituciones a la ineficiencia y a que puedan ocurrir en ellas actuaciones indebidas que produzcan acusaciones o cuestionamientos.
Es decir, que el problema es producto del quebranto de las agrupaciones políticas que, al parecer, olvidaron la obligación de reclutar a la mejor gente y formarla para lo mejor, para el ejercicio de la Política con mayúsculas.
Esta es una ardua labor que debe realizarse desde las bases pero que, bien hecha, da unos excelentes resultados y permite luego a los partidos tener un desempeño más fluido y eficiente en el ejercicio del poder.
Si no es el clientelismo fácil el que invade nuestras instituciones sino una selección de lo mejor, esto se vería reflejado sin duda en un mejor desempeño y servicios y cambiaría mucho la opinión y el sentimiento de la ciudadanía sobre los políticos y sus actuaciones.
Esto, desde luego, no se logra por la vía de las imposiciones sino, por el contrario, por el camino de las convicciones.
 

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