Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

Enviar
Jueves 25 Agosto, 2011


De cal y de arena
El Obispo de 1940 y los de 2011

La denuncia de la injusticia social, la convocatoria al pueblo a tomar conciencia de los problemas sociales y la justificación de que la Iglesia Católica participase activamente en la construcción de un marco político y jurídico que reconociera los derechos del obrero y del campesino (sin negar la legitimidad de los que le corresponden al patrono) fueron una constante en la vida episcopal de Mons. Víctor Manuel Sanabria. En un momento histórico para la reafirmación de la vocación social de la Iglesia Católica que habían venido proclamando los Pontífices, Sanabria participa en alianza con el Gobierno y Vanguardia Popular en la forja de la Reforma Social que posibilitó la construcción de un país de avanzada a los efectos del crecimiento económico con justicia social. Nunca temió llamar las cosas por su nombre, lo mismo para advertir a los trabajadores de sus deberes que para recordar que no todos los ricos caminan por senderos de justicia y equidad por lo que había que “reducirlos persuasivamente a mejores propósitos” (Carta Pastoral, 1938). En “La Cuestión Social” llama la atención sobre la crisis de las costumbres, de la moral, de la religión y de la educación, marcadas por una gran injusticia social como trasfondo. Fueron temas que enfrentó con valentía y franqueza, convencido de que el Obispo “está para enfrentarse al mal, aunque carezca de los recursos necesarios para destruirlo”. Lo dijo el 4 de abril de 1952 a pocas semanas de fallecer.
Algo ha pasado en daño de la Justicia Social que tan esmeradamente construyó Costa Rica. Lo denunció Mons. Hugo Barrantes en un reportaje el 17/9/07: “Desde hace unos 25 años hay un modelo de desarrollo que ha provocado una brecha social. El modelo de democracia social lo perdimos, en donde el pobre, el marginado y el campesino eran temas importantes”. Pidió un giro hacia un modelo solidario centrado en la persona y que haga de la lucha contra la pobreza un plan del Estado, no del gobierno. Antes, en su homilía del 2/8/05, el mismo Barrantes recriminó por el modelo económico impuesto, “determinante de la brecha que se ensancha día a día entre los que más tienen y los desposeídos… Una sociedad desigual plantea contrastes sustanciales entre los diferentes estratos. Con desánimo tendríamos que aceptar que en nuestra sociedad los vasos comunicantes entre las diferentes clases sociales tienden a desaparecer, manifestando las crecientes distancias entre unos y otros”. Con mayor entonación y gesticulación expresó: “…he descubierto mucha pobreza y miseria… he comprobado que existen varias Costa Rica. Una, impenetrable, de grandes mansiones y lujos, de personas que viven casi como en otro mundo. Otra, la de gente sencilla, accesible, con raíz y estirpe campesina, gente pobre pero dispuesta siempre a colaborar. Hay aun otra Costa Rica, la que vive en precarios, en cuevas, hacinada, sumida en la extrema pobreza, excluida de los bienes y servicios que el país ha logrado. Esa es la Costa Rica desconocida; es la otra Costa Rica”.
La alianza de Sanabria fue de beneficio popular. ¿Cuál será la alianza forjada hoy, cuando la jerarquía católica hace mutis ante el escalofriante deterioro ético, social, económico y político del país, y se distrae con la forma de vestir de la mujer, sus tareas en el hogar, los rendimientos financieros y los curas sátiros?

Alvaro Madrigal