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La América Latina desperdicia el “enorme caudal de talento artístico que debería ser mejor promovido y exportado”


El negocio de la industria cultural

El contenido del último artículo del reconocido Andrés Oppenheimer, publicado por LA REPÚBLICA el miércoles de esta semana, coincide en mucho con lo que opinábamos en este espacio un día antes, bajo el título “Turismo y cultura, una pareja seductora”.
Aunque cree que América Latina debería dedicar más esfuerzos para aumentar su cantidad de científicos e ingenieros y producir muchas patentes de nuevos inventos, Oppenheimer opina que la región desperdicia el “enorme caudal de talento artístico que debería ser mejor promovido y exportado”.
Él basa su opinión en lo afirmado por varias fuentes como Naciones Unidas, que destaca que Latinoamérica “exporta solo el 1,7% de los $646 mil millones anuales del comercio mundial de bienes y servicios culturales”.
En entrevistas que les hizo a Iván Duque y Felipe Buitrago, autores de un nuevo libro titulado “La economía naranja”, ellos afirman que América Latina debería exportar más a sus vecinos, creándose un área de libre comercio cultural regional.
Por nuestra parte, en el editorial del martes 26 de este mes, nos referíamos a la industria cultural (música, teatro… artes para el espectáculo), a propósito de la necesidad del sector turismo y del país, de atraer a mayor número de visitantes de todo el mundo.
Decíamos que espectáculos auténticos, de alta calidad y bien producidos, deberían ofrecerse a los turistas ahí donde ellos se hospedan o en zona cercana.
Los artistas y la creatividad existen. Lo que ha faltado es la visión para transformarlos en productos atractivos no solo para quienes nos visitan deseosos de ver algo diferente, sino también para exportar.
No se puede pedir a un artista que invierta, produzca y convierta en lucrativo su arte. Hace falta un proyecto país que incluya esta fuente de riqueza.
En su primera administración (años 80), Óscar Arias aprovechó esa capacidad de seducir y mover profundamente las emociones y el intelecto que tiene el arte, y organizó el Festival Internacional de Teatro San José por la Paz (una paz que era urgente lograr entonces en el istmo).
Difícilmente el que haya visto ese festival lo olvide. Y quien trabajó intensa y apasionadamente para hacerlo fue la gente del sector cultura, además del apoyo económico y material que prestaron muchas otras instituciones del Estado.
Luego el Festival se siguió haciendo. Un año es internacional y al siguiente nacional. Pero no se ha logrado convertir en lo que debería ser: Un evento tan auténtico como atractivo, de calidad internacional, promocionado por todo el mundo para que en un plan de mediano y largo plazo, atraiga turistas cada año a este país en las fechas de dicho festival.
Esto es solo un ejemplo. Todo está por hacerse.

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