Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 18 Diciembre, 2009


El mensaje navideño aquí y ahora


Diciembre suele ser el mes de la fiesta, el “vacilón” como dicen los ticos. Entre toros y tamales, aguinaldos y gordos de la lotería y abusos en comida y bebida, los costarricenses se ven sumergidos en la vorágine del consumo, o azorados por el pago atrasado de impuestos o deudas. De este modo han perdido el sentido profundo del acontecimiento que dio origen a las celebraciones de Navidad. Hace tiempo se ha olvidado que Navidad es ante todo en la fe cristiana, la celebración del misterio más original de sus creencias, cual es el de la Encarnación. “El Verbo se hizo carne”, dice el prólogo del Evangelio de Juan; y lo hizo para anunciar el don de “la paz a los hombres de buena voluntad”, como canta el mensaje de Belén.
Por eso es muy importante que, no solo en las iglesias, sino también desde la sociedad civil, se nos recuerde este profundo sentido de unas celebraciones que van más allá del ámbito de los templos y que tiene que ver con la suerte de la humanidad entera. Para recordarnos esa dimensión de lo divino en la entraña de lo humano (¿hay diferencia?), hacen falta hombres que, a través de sus vidas, nos hagan real y presente a las generaciones actuales y futuras que el mensaje celestial requiere hombres de “buena voluntad” que los conviertan en norma de vida, recordando con ello a los humanos la actualidad siempre vigente del mismo. Por desgracia, es frecuente que, para sacudir las conciencias de sus contemporáneos, esos hombres deban morir; su ausencia nos dolerá porque son irreemplazables, como decía Bertold Brecht.
Esto es lo que acaba de vivir el pueblo costarricense con el deceso de dos figuras que honraron a la Patria en grado superlativo, como fueron el presidente Rodrigo Carazo y el médico Juan Guillermo Ortiz. Ambos acaban de morir, pero seguirán vivos en la memoria agradecida del pueblo costarricense y de muchos pueblos del mundo. Rodrigo Carazo fue un insigne luchador por la democracia en la región y por mantener las instituciones que han hecho factible la justicia social en Costa Rica. El Dr. Ortiz, por su parte, creó los “hospitales sin paredes”, que dieron más tarde origen a los actuales EBAIS. Bajo su inspiración, los organismos mundiales dedicados a fomentar la salud, los han extendido a 57 países en todos los rincones del planeta.
Ambos han honrado su profesión. Carazo como político ha demostrado que se puede dedicar toda una vida entera al servicio público sin sucumbir a la corrupción, ni claudicar de sus principios. Hoy todos los ciudadanos, pero especialmente quienes se dedican al quehacer político, deben mirarse en ese espejo si quieren sinceramente honrar a la Patria. El Dr. Ortiz ha sido uno de los grandes filántropos que ha dado nuestro país. Cada EBAIS y cada enfermo atendido en una institución similar en uno de esos 57 países del mundo, rinde consciente o inconscientemente un homenaje a ese hombre que hizo grande a su Patria.
Pero no hace falta ser médico o político para honrar a su profesión. Lo importante es que ambos honraron la profesión más noble de todas: la de convertir sus vidas en un servicio a los demás. Por eso solo podían morir en el mes de la Navidad. Porque solo hombres como ellos siguen haciendo realidad el mensaje de Belén.