Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 19 Noviembre, 2014

¿Cómo mejorar las vidas de palestinos e israelíes en este contexto de odio, rechazo y violencia?


Hablando Claro

El lejano horizonte de la paz


Dos hombres irrumpieron ayer en una sinagoga ubicada en un barrio ortodoxo de Jerusalén acabando con la vida de al menos cuatro personas y dejando ocho heridos graves.
Es el último episodio de violencia extrema que se registra en estas semanas desde que terminó la operación de un mes en Gaza, controlado por la extremista organización Hamás, como respuesta al asesinato de civiles judíos.
Las oscuras sombras de las intifadas de 1987 (que se extendió hasta 1993) y de 2000 (que se mantuvo por cinco años) se ciernen amenazadoras una vez más sobre esta conflictiva región en la que se guardan las profundas convicciones de tres religiones emblemáticas del mundo.
Aunque los líderes de opinión en Israel no se atreven aún a asegurar categóricamente que esté germinando la tercera intifada, lo cierto es que muchas señales apuntan, si no en la misma dirección, en una muy similar. Todo tiende a deteriorarse en un ambiente que es tan complejo como las múltiples razones que sellan los fracasos de los esfuerzos pasados por acercar a las partes.
Y cada día que pasa, el muy debilitado liderazgo del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, el descontento casi generalizado de los palestinos y el creciente poder de Hamás, están amasando estallidos de violencia que no advierten tiempos mejores respecto a la posibilidad de llevar calma a una situación tan compleja como la que se vive en esta parte del mundo, sin agregar por supuesto, los nuevos elementos de tensión que el extremismo islámico está generando en el convulso vecindario.
El Dr. Tal Becker, un experto legal de la cancillería israelí, a quien tuve la oportunidad de escuchar en estos días, lo plantea de manera dramática cuando dice que de todas las malas opciones posibles, la peor sería el caos que podría desatarse de persistir esta situación en la que por cada acto violento hay un reacción y por cada reacción un nuevo hecho de violencia.
Becker está convencido de que es necesario replantear los términos de un posible acuerdo que, en todo caso, no sería un acuerdo de paz, porque un acuerdo por sí solo no creará la paz, sino que establecería condiciones mínimas para buscarla en el horizonte.
“Decir dos estados en paz sería decir demasiado”. Con los pies puestos en su cotidiana realidad, el Dr Becker no deja lugar a dudas: “Yo quiero mejorar mi vida y la de mis niños y la de los niños palestinos. Después otros se encargarán de la paz”.
¿Pero cómo mejorar las vidas de palestinos e israelíes en este contexto de odio, rechazo y violencia?
El especialista estima que después de 20 años de estar peleando acerca de por qué no están negociando un acuerdo, es hora de construir un argumento judío a favor de la paz; no como un compromiso sino simplemente como una mejora posible.
Sin otras expectativas. Entendiendo que hay extremistas en ambos lados y que, aun cuando las acciones en ambos lados sean distintas, simplemente no se puede abandonar la posibilidad de construir una salida con coraje y paciencia.
Aunque hoy por hoy, esa salida no se vea en el horizonte.

Vilma Ibarra