Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 14 Marzo, 2013

Hizo lo que ningún político venezolano había hecho: destinar buena parte de la riqueza petrolera a dar calidad a la vida de millones de compatriotas


De cal y de arena

El legado de Chávez

“Tú, critica todo lo que quieras al comandante; pero yo te digo una cosa: nunca antes un político venezolano se había ocupado de nosotros”.
Así le contestó un caraqueño al corresponsal de la BBC cuando este le pidió el porqué del caudaloso apoyo popular del presidente Chávez.
Ellos, los venezolanos, por largas décadas marginados y sojuzgados por una de las más retrógradas oligarquías de Latinoamérica que en alianza con el poder político usufructuó la riqueza petrolera sin llevarla a las rancherías que hacían los cinturones de miseria de las ciudades, ellos fueron los beneficiarios de las “Misiones”, los programas de avanzado contenido social que echó a andar Chávez para proveer herramientas de solución de los grandes problemas acumulados en salud, educación, vivienda, alimentos y seguridad cuyos resultados avalan el Banco Mundial, el BID y CEPAL.
La pobreza extrema bajó del 11,35% (2001) al 6,91% (2011) y la pobreza del 62,1% al 31,9%; el índice de Gini con el que se mide la desigualdad pasó del 0,48 (1998) al 0,38) 2010; el índice de desarrollo humano pasó de 0,69 en 1995 a 09,75 en 2010 en tanto el desempleo que en 1999 estaba en 16,6% bajó al 7,9% en 2012.
Las unidades sanitarias pasaron de 5.082 a 13.721 en 13 años y el 85% de los educandos completó su educación primaria en 2010, 20 puntos más que en 1998…
Esto es lo que se prioriza en la valoración que hace ese electorado que lealmente respaldó a Chávez a lo largo de su mandato; no las cuestiones de calidad en democracia o autocracia. De por sí, los que ayer gobernaron y entronizaron una corrupción sin par, jamás construyeron una democracia.
Chávez chocó con la alianza del poder económico, financiero y periodístico y los desprestigiados partidos Acción Democrática y COPEI, su coraza protectora y su brazo de dominación.
Con su refinado instinto político entendió que debía cortar los tentáculos a ese pulpo (para eso se proveyó del entramado institucional y jurídico que define la Constitución Política de la República Bolivariana) seguro de que las oligarquías no perdonan, como lo pintó Robert Michels cuando habló de “la ley de hierro de las oligarquías”.
Jamás lo perdonaron; montaron la más despiadada campaña de desprestigio a nivel continental en contubernio con poderosas corporaciones mediáticas que llegaron a atropellar los más elementales principios del periodismo a la hora de “informar” sobre los temas venezolanos.
Cuando a Chávez lo doblegó la enfermedad, la guerra mediática llegó a extremos asquerosos de los que fueron claros exponentes “El País”, de España, y CNN en Español. Solo les faltó aquel pabellón con que los detractores de Eva Perón celebraron su tumoración: “Viva el cáncer”.
Hizo lo que ningún político venezolano había hecho: destinar buena parte de la riqueza petrolera a dar calidad a la vida de millones de compatriotas.
A Chávez lo venció el cáncer. Pero no habrá cáncer capaz de vencer su principal legado: pase lo que pase en Venezuela, ningún político volverá a los tiempos en que se ignoraba a los pobres.

Álvaro Madrigal