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El impuesto al valor agregado puede ser una creciente fuente de ingresos para el gobierno; no se debe olvidar sin embargo, que es difícil de administrar y crea oportunidades para la evasión

El IVA y el déficit

La importancia que tiene el tema en la lucha contra la evasión, aliviar la carga administrativa para las empresas, y su actual debate en la Asamblea Legislativa para sustentar el déficit fiscal, revisten de actualidad el examen del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y la peculiar estructura de esta poderosa fuente de ingresos, que tiene problemas especiales de control.
Este sistema, que grava cada etapa de la producción de un bien o servicio es un impuesto de base amplia sobre todas las ventas internas. Permite a las empresas recibir un crédito o un reembolso por los impuestos cobrados sobre los insumos, a fin de velar por que el impuesto recaiga únicamente sobre el consumo final. La mayoría de los contribuyentes, donde fue adoptado, reciben rutinaria y legítimamente reembolsos del IVA sobre la base de las facturas expedidas por sus proveedores.
No obstante, se producen reembolsos fraudulentos cuando se utilizan facturas falsas o facturas que detallan el valor del IVA, pero este no ha sido pagado al gobierno por el proveedor.
Pero el IVA a veces se describe como una forma de autovigilancia, porque cuando se deja de cobrar en algún punto de la cadena de distribución, automáticamente se cobra en las siguientes etapas.
Las mayores divergencias, en su aplicación, se han dado en cuanto al nivel indicado de la cifra de negocios a partir de la cual es obligatorio inscribirse como contribuyente. Si bien hay partidarios de un umbral relativamente alto para enfocar los escasos recursos administrados sobre los contribuyentes más importantes, otros consideran que un umbral bajo podría ser importante para fomentar conciencia sobre el cumplimiento del régimen tributario en general.
A medida que se globaliza el mundo, un área bastante difícil para los agentes tributarios son los servicios financieros, ya que estos no incluyen transacciones fácilmente discernibles que puedan ser gravadas con el IVA.
El enfoque más común, de sencillamente eximir a los servicios financieros, es cada vez más problemático y algunos países están ensayando nuevos enfoques, entre ellos, gravar los servicios financieros por un monto determinado y excluir los servicios empresariales.
El impuesto al valor agregado puede ser una creciente fuente de ingresos para el gobierno; no se debe olvidar sin embargo, que es difícil de administrar y crea oportunidades para la evasión.
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