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Jueves 13 Septiembre, 2007

El inmigrante y el refugiado

Son dos figuras diferentes, el refugiado es un inmigrante forzado, el inmigrante en general, puede ser obligado o no, pero abandona su tierra natal por alguna circunstancia que puede ser de carácter económico, militar, de seguridad o por una decisión voluntaria. No hay duda, y es un hecho, que muchos de ellos y especialmente en lo que a Costa Rica atañe, llegan empujados por las dificultades económicas o a raíz de los conflictos armados, perennes en sus tierras de origen.
Costa Rica es un país con una gran tradición en materia de recepción de inmigrantes, posiblemente no hay un solo costarricense que no tenga un pariente inmigrante. Además es muy conocida la solidez de Costa Rica en el campo del respeto a las instituciones del asilo y del refugio. En este sentido lo que cabe es fortalecer la integración de todos estos seres humanos que en su mayoría cargan un sufrimiento de desarraigo involuntario y de inestabilidad en su vida.
Al inmigrante, cualquiera que sea su denominación, debemos integrarlo culturalmente y esto significa ayudarle a comprender nuestra forma de vida, a que la asimile sin menoscabo de la suya propia. El siguiente paso es integrarlo socialmente, y me refiero aquí a que es necesario crearle las condiciones para brindarle la posibilidad de que “pueda tener amigos”, que pueda hacer contactos, que tenga en quien confiar, con quien compartir, a quien llamar en caso de necesidad, que se pueda desenvolver sin temor, que interactúe, que tenga la posibilidad de desenvolverse económicamente y ser sujeto de crédito, que pueda ganarse la vida como el resto de la población nacional.
Por último, quizá el factor más importante, es la regularización de su situación legal. El Estado al que arriba, y en este caso Costa Rica, debe brindarle la protección que no encuentra en sus país de origen, esta protección significa asegurarle un estatus migratorio no restrictivo que le dé la oportunidad de moverse libremente, que pueda buscar una mejora en su calidad de vida por medio de un trabajo honesto, ajustado a la normativa laboral y de seguridad social, un estatus que lo convierta en sujeto de crédito para que él mismo pueda generar sus propios ingresos; que tenga la opción de construir su vivienda, resolver su educación, para que de esta manera no se convierta en una carga para el Estado y el resto de la población establecida.
Es una realidad que la gran mayoría de los inmigrantes, ya sean refugiados, asilados políticos, desplazados económicos, o cualquiera que sea su condición, buscan establecerse de manera definitiva en nuestro suelo. Es irreal pensar que las circunstancias en sus países de origen vayan a cambiar en el corto o mediano plazo, por lo tanto hay que ser pragmáticos y regularizar según el ordenamiento jurídico vigente, la permanencia de estos cientos de miles de personas que de una forma u otra ya están en nuestro país.
A nivel mundial y como consecuencia de la globalización de los mercados, los conflictos militares y la creciente oferta laboral, el flujo de migraciones e inmigraciones de todo signo, irá cada día en aumento. Existe una corriente, un remolino en todas direcciones, no hay ni habrá barrera natural, muro o amenaza que la pueda detener; dada esta circunstancia, lo más recomendable e inteligente es ordenar y encauzar el fenómeno.

Johnny Sáurez S.
Abogado y notario