Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 16 Diciembre, 2009


El financiamiento de campañas


Actualmente estimo que realizar una campaña política nacional en Costa Rica cuesta $15 el voto. Para preparar un presupuesto, un candidato presidencial y su equipo de asesores podrían pensar, usando ese monto, que tendrían que gastar un mínimo de $15 millones para tener algún nivel de éxito. Este número se basa en un padrón electoral de 2,5 millones y con una meta de obtener un mínimo del 40% de los posibles votantes. Pudiera quedar corto y ¡es posible que a última hora se necesitara un par de millones más para salir adelante!
Este monto cubre todo, y la lista es extensa. Hay que pagar planillas, operar vehículos, alquilar clubes, imprimir todo tipo de material desde afiches hasta programas de gobierno, pagar teléfonos y, sobre todo, contratar publicidad en la radio, la prensa escrita y en la televisión. Un candidato que pauta siete cuñas de 30 segundos al día en los canales locales por solo el periodo oficial de la campaña —tres meses— gastaría $50 mil diarios, sin contar costos de producción. Hay que pagar comida, mensajería, asesores internacionales, agencias publicitarias y empresas de investigación. Solo el “Día E” (el día de la votación) podría costar $1 millón.
La “deuda política” ayuda en algo, cubriendo en parte lo que se gasta durante los tres meses oficiales de campaña, pero nunca llega a cubrir todo lo que se necesita.
Los $15 millones constituyen lo que costaría la campaña de solo un partido y su candidato —pero pudiera haber dos o tres más que también gasten esto o montos semejantes. Calculo que la campaña electoral costarricense de 2010 terminará costando entre $30 millones y $50 millones.
Hay tres grandes preguntas que surgen frente a estos montos:
La primera es ¿quién dona el dinero y qué busca con su aporte? En otros países de la región se entiende la motivación de los donantes porque existe un “botín político”. El que gana las elecciones automáticamente tiene acceso a dineros en efectivo y en contratos sustanciosos que permiten la recuperación rápida de este tipo de “inversión.” ¿Pero en Costa Rica? Mi opinión, y quizás soy ingenuo, es que no existe ningún botín.
La segunda es ¿cómo deciden los donantes a quién dar sus aportes? Pueden ser amigos personales o políticos que ayudan por pura amistad, pero también pudiera haber personas que buscan una embajada, un puesto, o un contrato. Estos últimos dan el dinero al que creen que tiene más probabilidad de ganar las elecciones. En muchos casos toman sus decisiones con base en los resultados de encuestas preelectorales. Entonces si de repente la candidata líder cae sustancialmente en las encuestas y otro surge, el flujo de dinero también variaría.
La tercera es ¿si hay una posibilidad de ganar una elección sin incurrir en estos tipos de gastos? La vez pasada, en 2006, casi lo hace Ottón Solís y el PAC con una campaña muy innovadora, usando técnicas y métodos modernos y aprovechando Internet. Pero la norma más bien es que no hay quite, y peor aún, es probable que para 2014 el costo por voto sea de $17 o $18.
En algunas universidades extranjeras (Georgetown, por ejemplo) el manejo de finanzas de campañas políticas se ha convertido en una especialidad. Revisando el currículo no encontré nada para rebajar sustancialmente estos tipos de costos.

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