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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



FORO DE LECTORES


El feminismo ha muerto

| Sábado 05 mayo, 2012


El feminismo ha muerto

Somos herederos de una espectacular revolución femenina. Se ha dado paso a la verdadera identidad de la mujer. Hoy las mujeres intervienen en la vida pública y siguen participando cada vez más en el ámbito laboral y directivo. Esto no tiene vuelta atrás. Hemos abierto brechas en espacios reservados. Sin embargo, señala la periodista Josefina Figueras: “la esencia de lo femenino permanece invariable y la mujer no ha abdicado de sus cualidades privilegiadas para el orden familiar y doméstico, ni de su innata facilidad para todo aquello que roza lo privado, lo estético y lo afectivo”. Ha sido un itinerario difícil y muchas veces desconcertante. La bandera feminista acogió vientos favorables que han beneficiado a la totalidad de las mujeres. Hemos evolucionado. Nuestro estatus social no corresponde al de otras épocas pasadas: “sangre, sudor y lágrimas”.
El nuevo feminismo, de corte europeo, se preocupa más por la reafirmación de la identidad femenina que en insistir en el antagonismo entre los sexos. “Sus fundamentos están en una concesión antropológica que trata de engarzar tanto la igualdad como la diferencia entre hombre y mujer superando de este modo los errores: la subordinación y el igualitarismo”.
Antonieta Macciochi afirma sobre las líneas maestras de este nuevo feminismo: “Consiste en recuperar el espíritu del primer feminismo reivindicativo de los derechos políticos de la mujer, pero sin los excesos del radicalismo de los años 70. Que subraye la identidad de la mujer en la sociedad. Que defienda además los valores propiamente femeninos; un equilibrio desde el que enfocar la maternidad como una realización de la mujer en compañía del hombre. Propone una mujer combativa, guerrera y segura de que siendo ella misma, puede ir por delante sin mimetizarse con el hombre; integrada con capacidad intelectual en todos los campos y motor de la sociedad”. La mujer actual no comprende la maternidad como una “trampa” ni el hogar como “un campo de concentración”. ¿Revolución o evolución?
El rol femenino está determinado por dos elementos: su identidad y su autodeterminación. La mujer debe tener la posibilidad de orientar con plena autonomía su futuro, su proyecto vital. Pero lo hará, afirma Figueras, desde su identidad femenina, sin caer en trasnochados mimetismos con el varón pensando que así se encontrará a sí misma. Concluye que la mujer es, sencillamente, una persona destinada a construir, junto al hombre y con iguales derechos y oportunidades, una sociedad más justa, digna y equilibrada. La toma de conciencia de la dignidad personal de la mujer es lo que debe presidir el feminismo de los nuevos tiempos.
Queda mucho por hacer para compatibilizar la atención a la familia (“sitio de amarre, centro de gravedad”) con el trabajo profesional. No se puede luchar en todos los frentes y ser la mejor en todos los campos de batalla. Se necesita el apoyo del hombre, que más que un colaborador, se considere un corresponsable de dichas batallas.

Helena María Fonseca
Administradora de empresas
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