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El Estado de la Educación: mi perspectiva ante el informe

Leonardo Garnier Rímolo
Ministro

Este martes 10 de setiembre se presentó el Cuarto Informe del Estado de la Educación. Ya eso es un logro. El Tercer Informe había mostrado un salto cualitativo que elevaba la barra de exigencia, y eso hacía más emocionante la espera. Hoy, el Cuarto Informe cumple bien con esas expectativas, entregándonos un balance crítico y rico tanto de los avances que pueda haber tenido nuestra educación como, sobre todo, de las debilidades y retos que enfrenta.

Reformas curriculares

“Los últimos cinco años – dice el informe – han sido particularmente intensos en la aprobación de nuevos programas de estudio por parte del Consejo Superior de Educación (CSE), así como en el proceso de diseño, consulta, aplicación de pruebas piloto, capacitación e implementación de los mismos por parte del MEP. El Tercer Informe reportó que entre 2008 y 2010 se renovaron las propuestas curriculares de Educación Cívica, Educación Musical, Artes Plásticas y Educación Física; además, se introdujo la enseñanza de la Lógica en el currículo de Español para secundaria y el pensamiento científico por indagación en primero y segundo ciclos, éstos últimos promovidos en el marco del programa “Ética, Estética y Ciudadanía”.

Entre 2012 y 2013 se aprobaron cuatro nuevos programas. Uno de ellos corresponde a una asignatura central en el currículo, la Matemática, e incluye una reforma que abarca todo el sistema y cuya profundidad requiere un plan de transición de entre tres y cuatro años. Los otros tres son los programas de Educación para la Vida Cotidiana, Español para primer y segundo ciclos y Educación para la Afectividad y la Sexualidad, un tema que por años fue postergado”. A esto debemos agregar los nuevos programas de Música y Artes Plásticas así como el nuevo programa de Estudios Sociales y Cívica para primaria... y algunas reformas más que veremos en los próximos meses y que completan un paquete muy amplio y profundo de reformas curriculares.

A todo ello, debe sumarse una intensa y significativa transformación de la educación técnica, que no solo ha duplicado su oferta, sino que ha visto renovarse radicalmente las especialidades que, hoy, nuestras muchachas y muchachos pueden aprender en los colegios técnicos distribuidos por todo el país.

Pero lo más importante de estas reformas no son los cambios en el contenido de los cursos –que es importante- sino la reforma sistemática en la forma de enseñar y de aprender que se ha impulsado en estos siete años. “En general –concluye el informe- los programas apuntan a la adopción de nuevas metodologías de trabajo en el aula, revisión de las prácticas de evaluación, uso de materiales didáctico con orientaciones específicas para los docentes y promoción de un aprendizaje más activo, enfocado en la resolución de problemas, el trabajo colaborativo y la experimentación”.

Se ampliaron las oportunidades de acceso: aumenta la cobertura

Si bien, como indica el Informe, las brechas entre grupos son altas y aún no se logran las metas en cobertura, las brechas tienden a disminuir, y la cobertura aumenta en forma sistemática. Según el Informe: “En materia de acceso, el sistema educativo costarricense es cada vez más inclusivo y atiende en forma mayoritaria a la población de bajos y medianos ingresos”.

Los “ni-nis” se han reducido de 19,3% de los jóvenes entre 12 y 17 años en 2000 al 13,3% en 2011.

“En 2009 solo un 39,5% de los jóvenes de 17 a 21 años logró completar la secundaria. En 2011 esa proporción aumentó a 46,3%, lo cual representa un 80% más de logro que en 1987, cuando era de apenas 25,8%”.  Por supuesto que esto todavía es insuficiente, pero las tendencias de la escolaridad son importantes en un doble sentido.

La tasa neta de escolaridad en secundaria pasó del 60% al 75% en esta década. En diversificada, si bien la escolaridad neta no aumenta tan rápidamente, como resultado de la sobreedad que caracteriza a nuestros sistema educativo, la escolaridad bruta sí muestra un avance significativo, pasando de 67% en 2006 a 93% en 2013, un cambio notable en siete años.

Pero lo más importante es que estos aumentos en cobertura se logran – como es lógico – gracias a una reducción de las desigualdades que caracteriza a nuestro sistema educativo. Esto ya se reconocía así en el Tercer Informe del Estado de la Educación y se confirma en el actual:

Las brechas de asistencia escolar tendieron a reducirse en el período 2003-2012. La asistencia por zona muestra diferencias decrecientes, en el grupo de 13 a 17 años. En este último grupo, entre quienes residen en la zona urbana, la asistencia se incrementó de 82,3% a 87,8% y en la zona rural pasó de 63,5% a 79,2%. Esto quiere decir que la brecha urbano rural se redujo del 30% al 10%.

También se reduce la diferencia en equidad por quintiles: En el de grupo de 13 a 17 años sí se presenta una notable disparidad pero también se reduce: mientras que la asistencia a la educación en la población de 13 a 17 en el quintil más rico aumentó de 92,3% a 92,7% entre 20033 y 2012, en el quintil más pobre aumentó de 64% a 77,1% a 76,6%. La diferencia porcentual entre la escolaridad de los más ricos y los más pobres pasó de 44% a 20%, menos de la mitad, mostrando una reducción muy importante de la desigualdad educativa.

Finalmente, y esto es de lo más importante, se reducen las brechas que se relacionan con el nivel educativo del hogar, que son las que más tienden a hacer que las desigualdades persistan en el tiempo. De acuerdo con el anexo estadístico del informe, la asistencia a educación regular de la población de 13 a 17 años del grupo con el clima educativo más alto en su hogar, pasó de 97,7% a 94,7% mientras que para aquellos jóvenes pertenecientes a hogares con los climas educativos más bajos la participación educativa formal aumentó de 58,2% en 2003 a 73,2% en 2012, de manera que la brecha se redujo de un 68% a un 29% en esta década, menos de la mitad. Un logro notable en la mejora de la equidad educativa.

Esto no dice que la desigualdad no exista: existe y es nuestro principal reto, pero es una desigualdad que se está reduciendo, al tiempo que avanza la escolaridad.

El financiamiento de la educación

La inversión educativa ha aumentado significativamente a lo largo de la última década, pasando de un 4,7% del PIB a un 7,2% del PIB.

El mayor financiamiento ha permitido fortalecer los programas de equidad que buscan garantizar el derecho a la educación, su carácter universal: becas y subsidios de Fonabe y Avancemos, comedores escolares, transporte, todos se han visto fortalecidos en estos años, redundando en una mayor equidad y explicando parcialmente la reducción gradual de las brechas educativas.

También se ha hecho posible construir una nueva política de infraestructura, que pasó de un viejo CENIFE insuficiente y que contaba con menos de ¢6 mil millones por año, a una DIEE que cuenta con más de cien profesionales, con una flotilla de vehículos y que ha podido ejecutar más de ¢127 mil millones en los últimos cuatro años, dirigiendo más de un treinta por ciento de esta inversión a zonas rurales (a lo que se suman los ¢15 mil millones invertidos en comunidades indígenas). Hoy la DIEE no hace solo cajones con pizarras, hace escuelas y colegios hermosos y adecuados a las características y cultura de cada comunidad educativa.

Por supuesto que hay carencias, tanto financieras como institucionales, para llegar a tener la infraestructura que requerimos. La figura del fideicomiso da un paso más en esa dirección, y creo que en cinco o diez años, máximo, el país habrá saldado su deuda con la infraestructura educativa.

La calidad del cuerpo docente

Pero lo más importante del aumento del financiamiento educativo, es que ha permitido no solo el aumento de las contrataciones docentes y técnico docentes, sino una mejora significativa en las remuneraciones de los salarios reales de los docentes que, de acuerdo con las estimaciones del Informe, entre 2004 y 2012, aumentaron en más de un 40% por encima de la inflación.

Este reconocimiento profesional a nuestros docentes no solo era justo, sino que se constituye a su vez en parte de una política educativa que busca atraer a los mejores candidatos y candidatas a las carreras de educación. Solo así mejoraremos la calidad de nuestra educación.

Pero como bien lo indica el Informe, esto no basta. El mayor reto – y el más difícil – que enfrenta la educación costarricense, es el reto de la calidad de su cuerpo docente. No se trata de si son interinos o propietarios, sino de si son docentes calificados y con la vocación necesaria para formar a las generaciones futuras.

Muchas y muchos de nuestros docentes, de nuestros directores, cumplen ese perfil. Pero es igualmente cierto que otros – también muchos – no lo cumplen. El informe es claro en esto, y también lo hemos podido palpar en nuestra práctica diaria de la gestión del MEP.

Esto remite a dos problemas que el Informe destaca muy bien. Uno tiene que ver con las herramientas de contratación, evaluación y gestión de los recursos humanos a que está sometido el MEP y que claramente atentan contra la calidad educativa. Otro tiene que ver con la muy diversa calidad de la formación que brindan las diversas escuelas y facultades de educación que existen hoy en el país, muchas de las cuales – y esto es patético – atentan también contra la calidad educativa.

Son dos retos que debemos enfrentar como sociedad. Son más que evidentes. Pero también son retos en los que topamos con fuertes intereses creados que tienen la capacidad de frenar hasta las pequeñas reformas, y que reaccionan ante el menor indicio de que siquiera se empieza a gestar una reforma.

En síntesis: un rompecabezas que hay que seguir armando

Tengo que terminar como termina la sinopsis del Informe, que destaca que varias de las reformas “han generado mejoras normativas, financieras y curriculares que, a su vez, han establecido una plataforma para impulsar nuevos y más acelerados cambios que, en los años venideros, permitirían reducir los rezagos históricos. Las reformas requieren tiempo para cuajar y si bien muchos de sus resultados aún están por verse, es importante no desandar el camino andado, evaluarlas con ánimo constructivo y aunar esfuerzos para que el sistema educativo responda, de manera más contundente, a los desafíos que enfrenta el país en su búsqueda del desarrollo humano sostenible”.

Tenemos que ser críticos y exigentes con nosotros mismos, tenemos que saber que los retos en educación son enormes – y que de atender bien esos retos depende el tipo de sociedad que seamos capaces de construir – pero al mismo tiempo, es importante que sepamos que seguimos teniendo esa capacidad para generar cambios, aún en entornos que, por tradición o por cultura, por inercia o por intereses, suelen ser tan resistentes al cambio.

Leonardo Garnier Rímolo
Ministro

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