Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 1 Septiembre, 2014

En el país abundan diagnósticos y escasean las soluciones. Es hora de poner manos a la obra


Disyuntivas

El diagnóstico de los 111 días

Con toda la expectación generada el Sr. Presidente don Luis Guillermo Solís dio su informe de los 100 días. Y así nos planteó su diagnóstico sobre la situación de la administración pública, los problemas de producción y de competitividad, la pobreza y la desigualdad, la injusticia en el manejo de los programas sociales, la carencia de infraestructura y el alto costo de la electricidad.
Considero que en casi todo los ciudadanos estamos de acuerdo con ese diagnóstico. En casi todo, porque no me parece correcta ni justa la afirmación —sin limitaciones ni matices— de que “en las últimas décadas hemos sido gobernados con irresponsabilidad”. No se pueden llamar irresponsables las políticas de equilibrio fiscal del Presidente Pacheco (gobierno en el cual sirvieron los dos Vicepresidentes, el Canciller y la Presidente Ejecutiva de la CCSS actuales), ni la batalla para aprobar el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos del Presidente Arias, ni los progresos en seguridad pública de la Presidente Chinchilla, al punto que su jerarca fue ratificado en el cargo por el propio don Luis Guillermo.


Los costarricenses nos dolemos junto con el Sr. Presidente de la denuncia que hace sobre “La irresponsabilidad, la sinvergüenzada y las chambonadas en el Estado…”.
Pero no basta con conocer los 14 hechos denunciados y ni siquiera con presentar la magnitud y gravedad del problema. Es preciso pasar del diagnóstico a la implementación de soluciones. Y acá el informe quedó debiendo, pues fue omiso en propuestas concretas para solucionar los problemas.
En cualquier institución pública de cualquier país, en cualquier empresa, organización gremial o social, en cualquier ente eclesiástico se pueden dar y se dan problemas de ineficiencia, de errores y de corrupción. Por eso es indispensable que permanentemente se controle, se evalúe, se midan los resultados, y también se revisen los procedimientos y prácticas administrativas para corregir y evitar esas dolencias. Esta es parte importantísima de la administración de un ente a la cual no pueden renunciar sus jerarcas.
Es cierto que las organizaciones de tanto en tanto requieren cambios profundos, golpes de timón que transformen su cultura administrativa y permitan grandes avances. Concuerdo con el Sr. Presidente que nuestra administración pública y las políticas sociales y económicas requieren de un gran cambio. Pero este no se producirá si no se plantean y ejecutan soluciones concretas.
Por ejemplo, el desorden, la ineficiencia y la irresponsabilidad que el Sr. Presidente denuncia se dan en la mayoría de las oficinas públicas, difícilmente se corregirán si no se varía el sistema de servicio civil para contar con un verdadero y operante sistema de evaluación de los funcionarios y de incentivos positivos y negativos ligados a desempeño.
Pero ni en el campo de la eficiencia de la administración, ni en lo referente a la justicia en la utilización de los programas sociales, ni en cuanto a aumentar la competitividad, ni en otros temas se plantean las soluciones y menos se anuncia como se implementarán. Más bien con relación al tema concreto del alto costo de los energéticos se pospone —para 22 meses después del inicio del gobierno— poder contar con una propuesta de solución.
En el país abundan diagnósticos y escasean las soluciones. Es hora de poner manos a la obra.
 

Miguel Ángel Rodríguez