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Los extremos a que puede llegar el estado emocional de los conductores de diferentes vehículos que transitan nuestras vías, ameritan acciones de las autoridades que se dedican a la salud mental


El descontrol emocional en las calles


El triste final que tuvo uno de los choques, así como encuentros violentos de palabras, que se dan por montones en las calles de la ciudad, ha conmovido a muchos porque significó la muerte de uno de los involucrados, José Alonso Romero Picado, chofer del ministro de la Presidencia, Carlos Ricardo Benavides.
Según se ha informado, el vehículo que él conducía colisionó con otro manejado por un hombre de apellido González. Esto ocasionó que Romero se bajara de su auto y golpeara a González y que este sacara entonces un arma de su vehículo y le disparara a Romero, quien falleció.
Lamentando profundamente este hecho, reflexionamos sobre los extremos a que puede llegar el estado emocional de los conductores de diferentes vehículos que transitan nuestras vías.
La situación de caos urbano que vivimos y en general el exagerado estrés de la vida actual pueden ser el origen o parte de los factores que originan esos estados.
Quizás, incluso, siempre hayan existido estados de estrés elevados en algunas personas de la población, pero probablemente no sumados a la coyuntura actual de lo que significa transitar por nuestras abarrotadas vías, con sus presas, demoras, pérdidas de tiempo y demás situaciones causantes de enojo y de fuertes reacciones.
Sentimos que esto ha llegado a límites que ameritan ser atendidos por las autoridades de salud, puesto que son evidentemente signos de un descontrol que urge reparar.
La salud mental de una población es tan indispensable como la del resto del cuerpo, para una adecuada convivencia y desempeño. No obstante, ocurre que a veces no se detecta y atiende en forma oportuna.
Sin embargo, revertir este fenómeno implica ahondar en las causas y encontrar las soluciones a las mismas. No se haría nada con un tratamiento cosmético.
Probablemente hagan falta también campañas, al igual que se hacen actualmente para erradicar la epidemia de dengue, que lleven poco a poco a los costarricenses a una conducta más serena y a un mejor control de sus emociones cuando circulan por la ciudad conduciendo un vehículo.
Son los especialistas los que deben definir las medidas necesarias, pero lo que es insostenible es que se deje crecer esta falta de salud mental que puede ocasionar cada vez más conflicto y dolor a las familias costarricenses y en general a quienes habitan este país.
 

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