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Hay ya varias acciones del presidente Solís, que simbolizan su visión de mundo. La más reciente quizás, izar la bandera de la diversidad sexual en la Casa Presidencial, como símbolo de su respeto y del de su gobierno a todas esas preferencias


El deber de respetar las diferencias

La simbología usada por el Presidente de la República en más de una ocasión, pareciera de mensajes en torno a su visión de mundo, como fundamento transversal que guiará probablemente sus diversas acciones de gobierno.
La más reciente fue izar la bandera de la diversidad sexual en la Casa Presidencial, como símbolo de su respeto y del de su gobierno a todas esas preferencias.
Es decir, un mensaje en el sentido de que cada quien tiene el derecho de vivir su vida de acuerdo a su naturaleza, emociones y circunstancias, que pueden haberle marcado o definido genética o ambientalmente, y a ser respetado como tal, mientras respete a su vez al prójimo.
El tema suscitó cierta polémica, pero esta se expresó, en términos generales, como suele hacerse en un país como el nuestro, en el que su gente, afortunadamente, busca cada día más el camino de la convivencia pacífica, armoniosa y tolerante.
Pero además de esto, vale la pena señalar otras acciones simbólicas de Luis Guillermo Solís. Recordemos que, ya con la banda presidencial puesta, se movió para ayudar a su padre a subir al espacio donde se encontraba y fundirse en un fraternal y emotivo abrazo con él. Este también fue un símbolo de cálido interés y respeto por las personas mayores.
También tocó el Presidente las puertas y saludó a los que ya son sus vecinos alrededor de la Casa Presidencial. Este es un mensaje para la población acerca de cómo él ve las comunidades, los barrios. Los ve buscando conocerse, ayudarse, trabajando juntos para mejorar.
Hubo más mensajes simbólicos en estos días, pero seguramente usted los reconoce.
Lo que hoy, en nuestra opinión, deberíamos hacer, es respetar esta, la modalidad de gobernar de Luis Guillermo Solís, y más bien estar vigilantes para que esos mensajes vayan poco a poco convirtiéndose en realidades sociales.
Del mutuo respeto que nos tengamos los costarricenses, dependerá probablemente, en buena medida, cuánto podamos hacer como sociedad, para construir cada día la Costa Rica que queremos. Aunque unos la vivan de un modo y otros de otro.
 

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