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Miércoles 23 Julio, 2014

La dificultad para reducir las tarifas eléctricas no puede atribuirse solamente a la falta de apertura en el mercado


El costo de la electricidad

En los últimos meses se han abierto dos discusiones, que involucran una misma institución estatal. La primera tiene que ver con algunos de los efectos de la apertura en el sector de telecomunicaciones (acceso a Internet en líneas móviles pospago). Segundo, la dificultad para reducir la tarifa eléctrica residencial e industrial.
Ambas discusiones son diferentes, complejas e involucran dos bienes de distintos rasgos tecnológicos. A menudo, se buscan respuestas al segundo tema, en la apertura comercial; de manera que las experiencias recientes con el sector telecomunicaciones delinean en buena medida los juicios aplicados al mercado eléctrico.
Sin embargo, cuando en el sector eléctrico se habla de apertura se debe tener en mente que el único nivel de comercialización abierto, hasta hoy y de manera incompleta, es el mercado de generación de energía eléctrica a partir de fuentes de energía renovables; hablamos de fuentes como el agua, viento, sol, biogás y biomasa.
A primera vista, parece razonable que un aumento en la cantidad de energía disponible en un país, gracias al ingreso de más participantes en el mercado, contribuya a disminuir los costos de la electricidad. Sin embargo, esto depende del carácter de la fuente energética, dadas las características actuales de apertura.
En el caso de la generación de energía con proyectos hidroeléctricos la apertura de mercado, bajo el esquema actual, aumentaría la capacidad instalada nacional pero difícilmente aportaría a la reducción del costo de la electricidad. El mercado eléctrico requiere energía de bajo costo que provenga de fuentes independientes a variaciones estacionales o variaciones climáticas (biogás, biomasa, solar). Abrir el mercado para adquirir más energía hidroeléctrica, sin una adecuada planificación, puede obligar al ente estatal a priorizar la compra de energía, más costosa, especialmente durante el invierno, perdiendo la posibilidad de generar con plantas nacionales.
De esta manera, la energía más cara es la que no se genera en el invierno con fuentes propias, por tener que comprar el excedente de energía disponible en plantas privadas.
Hoy existen 27 plantas hidroeléctricas privadas en operación, al menos 16 proyectos cuentan con elegibilidad vigente y se encuentran a espera de una oportunidad para ingresar al mercado.
En situaciones como estas deben aplicarse modelos económicos, para determinar cuál es la cantidad de proyectos hidroeléctricos (privados) que deben existir en el mercado para optimizar el bienestar social y evitar pérdidas.
Estudios demuestran que, bajo condiciones monopólicas de mercado, es preferible la nacionalización de empresas privadas existentes que el ingreso de nuevas compañías; y aunque esto vaya contra la noción predominante de apertura, es posible la reducción de sobrecostos.
La dificultad para reducir las tarifas eléctricas no puede atribuirse solamente a la falta de apertura en el mercado o a las variaciones en el precio de los combustibles fósiles, tiene que relacionarse con la estructura de producción y dentro de esta estructura hay que prestar especial atención a los costos asociados con la producción de energía mediante la empresa privada.

Eduardo Rodríguez

Ingeniero mecánico (UCR) cursa maestría en economía del Desarrollo (UNA)