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El contraataque de los derivados

Hace unos años, el mundo financiero se estremeció con el caso de Enron, que presentaba en sus estados financieros, en primer lugar, una valoración no apropiada de alguno de sus activos, producida por la utilización de instrumentos derivados, y en segundo lugar, una utilización de partidas contables para ocultar pérdidas.
Hoy en día, JP Morgan ha indicado que obtuvo una pérdida cercana a los $2 mil millones por diferencias en la valoración de derivados de crédito, que recuerda el caso antes mencionado y que ha generado una fuerte preocupación sobre el futuro del sistema financiero.
Un producto derivado es un título valor cuyo precio “deriva” o proviene de un activo (bien) sobre el cual está basado o estructurado. Por ejemplo, si Ud. asegura su vehículo por $10 mil, ese “valor” que se le está otorgando al activo, la prima que usted le paga a la aseguradora, sería el precio del producto derivado; de hecho, el seguro es un derivado que le da derecho a recibir por su auto la cantidad antes mencionada, en el caso de que se lo roben o lo choquen. Otra forma de verlo, es que Ud. está comprando el derecho de venderle al seguro su carro por los $10 mil, si se lo roban o lo chocan.
Es claro ver que los derivados son muy útiles, sin embargo, el “valor” que se le asigna al activo puede ser controversial, ya que no siempre existe una metodología única para calcularlo. En el ejemplo anterior, ¿quién dice que su carro no vale más o menos de $10 mil? A menos que exista un mercado activo que pueda servir de referencia o árbitro, se pueden producir oportunidades de especulación, que si bien en unos casos pueden favorecer a los inversionistas, en otros puede ser nefasto.
En el caso de JP Morgan, los derivados se estructuraron sobre créditos y si bien es cierto que el mercado crediticio ha mejorado, cualquier mínima desviación puede generar un problema como el presentado actualmente.
El derivado sobre crédito toma valor en la medida que el deudor (este es el activo: un crédito que paga un deudor) sea más cumplido; es decir, si este es buen pagador, su valor será mayor, y si por el contrario no lo es, decaerá.
Los derivados se pueden formar uniendo a diversos tipos de deudores, con el fin de promediar el riesgo total del instrumento. Los bancos deben calcular cuál es la mayor pérdida que pueden tener en el caso de que los deudores no paguen.
En el caso de JP Morgan se dice que el ajuste de la pérdida antes mencionada se ubicaba en $67 mil millones, cuando ha debido ubicarse en unos 129 mil millones, según información publicada por Bloomberg.
Es obvio que el mercado todavía adolece de regulaciones apropiadas, y productos tan delicados como los derivados todavía podrían generar pérdidas, en el mercado financiero, por lo que podría verse más afectado en el corto plazo.
Lo cierto es que los inversionistas deben estar muy pendientes del comportamiento de los activos sobre los que están estructurados los derivados y de la realidad del mercado que todavía se encuentra muy debilitada.


Alfredo Puerta, MBA
[email protected]
Twitter @alfredopuerta
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