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El consumo de sal

El Centro para la Prevención Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) reportó el mes pasado que el 90% de los adultos de ese país (y entonces nosotros también) consume demasiada sal diariamente con un costo de $206 billones a la seguridad social norteamericana.
Comencemos por solicitarle a nuestra industria alimentaria masiva una reducción de la sal en los productos.
Esto puede parecer fácil y no lo es.
La industria alimentaria en general tiene miedo de que al hacer esto, el consumidor va a percibir un sabor diferente en los productos y por lo tanto dejará de consumirlos.
Un ejemplo, ciertos quesos deben su sabor a la sal, es más, deben su proceso de elaboración a la sal y si se cambia este proceso, ese queso específico quizás no se pueda elaborar.
Entonces, ¿cuál es el camino?
La sal es importante para el organismo, pero la comemos en exceso, sin saber con claridad que esta ya viene en los productos que degustamos diariamente.
La sal que nosotros individualmente controlamos como personas en realidad solo llega al 20% (el salero) increíble.
¿Solución? Una es educar intensamente al consumidor, que sea más evidente (mucho más) el contenido de sal en la etiqueta en los productos.
Sabemos que la industria alimentaria no modificará sus procesos por voluntad propia, y solo lo hará si existe un buen incentivo para ello: la presión del consumidor y la de las instituciones gubernamentales.
Buen provecho hasta la próxima semana.


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