Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 4 Octubre, 2012


De cal y de arena
El consumidor, la víctima

En el Ministerio de Comercio y Economía hay una oficina para atender y defender al consumidor. Tiene su espacio en la web. Pensar en su funcionalidad, su utilidad, su eficiencia, es como imaginar que quien padece de sordera escucha una serenata.
En agosto le planteé una consulta ante un comportamiento “curioso” de un agente comercial aquí establecido con gran pompa y sonoridad. En cuestión de horas acusó recibo: “Gracias por contactarnos. En breve nos comunicaremos con usted”. Pasaron los días sin la tal respuesta por lo que insistí. Después, en dos ocasiones se me contestó: “No se puede entregar el mensaje porque la entrega a esta dirección está restringida”. Entonces, ¿para qué abrir esta vía para atender al consumidor, será la clásica pereza del burócrata o la evasión a fijar posición en ciertos asuntos?.
Lo cierto es que en un mercado dominado por grandes concentraciones de poder económico y financiero que han sofocado toda noción de competencia y libre juego de la oferta y la demanda, donde fácilmente se atropella al consumidor, hay mucha necesidad de amparo para quien siente sus intereses vulnerados, al descampado y sin más espacio que el del derecho al berreo.
En estos tiempos donde se ha refinado el uso de la vieja ley del embudo no hay más que desconfiar y aprender a defenderse de tanto “faulero” que hay en la cancha. Como cuando una llamada telefónica originada en el 2521-7100 y hecha en nombre de Kölbi (la marca que promueve el ICE) me pintó un paisaje paradisíaco para convencerme de tomar una especie de póliza de auxilios de emergencia en casos de accidentes o quebrantos de salud. Desconfiado, respondí con un no y esperé unos minutos para retornar la llamada al mismo número con el fin de constatar su autenticidad. Ninguna respuesta… siempre una voz en inglés me dice que tal número es inaccesible. ¿Habrá detrás un tiro vivo para cazar ingenuos?
El consumidor vive desamparado por la inacción de la burocracia o por la obsolescencia de leyes que una manada de chupópteros aprovecha en lucrativo beneficio, adentro y afuera del Estado. Los servicios públicos se prestan con total desgano para agravar más aún el pavoroso peso de la tramitomanía y abrir las áreas de cultivo de la corrupción. La economía va pa’lante a pesar de esa tramitomanía, de una infraestructura de tercer mundo, de la abulia de la burocracia y la misma inercia de buena parte de la fuerza laboral particular.
A pesar, también de los gravosos costos que tanto inciden a la hora de competir (y sobrevivir) y dentro de lo cual está esa pavorosa carga que es el precio de los combustibles, con una RECOPE que no refina crudo pero sí la caja chica del gobierno por la gracia de una estructura de impuestos al combustible y de una planilla contratada para una planta que está cerrada.
Mas al consumidor le llegan los avances con gotero. Nadie en las instancias políticas sale por sus fueros. Ni aquella oficina cuyos intereses van a contrapelo de los del consumidor ni en ARESEP. ¡Allí están engordando el chancho!

Alvaro Madrigal