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Es en el seno de esas familias, que se reunirán hoy para celebrar juntas la Navidad, donde puede nacer el germen para un verdadero cambio

El círculo que deberíamos iniciar

Celebrar la Navidad, como lo harán esta noche la mayoría de las familias costarricenses, es una hermosa oportunidad que se nos brinda cada año.
No nos referimos a la ocasión de comprar y repartir regalos sino a la posibilidad de vivir el verdadero espíritu de esta celebración y llenarnos de un sentimiento que bien podría cambiar nuestra vida y si eso sucediera, cambiaría nuestra sociedad.
Parece una simple frase hecha pero habría que analizarla con detenimiento porque puede ser una fórmula efectiva de cambio con la mayor posibilidad de que este sea para bien.
El espíritu de la Navidad es el mayor ejemplo de amor al prójimo y nos invita a ello. Un fácil ejercicio nos ayuda a analizar las consecuencias si se pusiera en práctica. Elija usted alguno de los serios problemas que hoy vive la sociedad costarricense (delincuencia, desempleo, corrupción… la lista es larga) y piense lo que podría ocurrir si se pusiera en marcha lo que podríamos llamar el círculo virtuoso del buen ejemplo.
Este es un círculo que se puede iniciar en una persona, que decida cambiar y tener una actitud y unas acciones apegadas al “amor al prójimo”, aquello de “no hagas a otros lo que no te gustaría que te hagan”. Si esa persona se mantiene firme en su actitud poco a poco se formará el primer círculo, a su alrededor, que incluye a su núcleo familiar más cercano. Se habrán “contagiado” por medio de la forma más efectiva que hay de transmitir algo: el ejemplo.
Imaginen entonces miles de familias “contagiadas” y verán como la conclusión es una sociedad diferente. Porque es ahí, en los núcleos familiares donde se forman los futuros educadores, profesionales, empresarios, gobernantes, empleados públicos… Estos esparcirían el feliz y poderoso “contagio” en los espacios y a las personas con quienes les corresponda trabajar, estudiar…
Y es en el seno de esas familias, que se reunirán hoy para celebrar juntas la Navidad, donde puede nacer el germen para un verdadero cambio. En donde debe nacer el primer círculo del amor al prójimo. Si así sucediera, es muy probable que cada año hubiera menos personas sin un hogar donde celebrar la vida cada día, sin una familia donde “contagiarse” de amor.
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