Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 10 Octubre, 2009


ELOGIOS
El centro comercial

El centro comercial es una modalidad que comenzó por denominarse Galerías en Suramérica, hace alrededor de 60 años, cuando empezó agrupando diversos comercios por lo general en una sola planta, en pequeños locales donde se ahorraban metros cuadrados y siempre había un café con emparedados en su interior donde descansar un rato. La calle era dueña y señora de todo tipo de locales y además servía de parqueo sin restricciones en tanto el tránsito era fluido y escaso, por otra parte, se llegaba caminando o a lo sumo en tranvía de cinco centavos o en ómnibus o colectivo de diez: el taxi era un lujo de bacanes.
En Buenos Aires no había restaurantes más que en el centro o en la Costanera Sur donde la Münich con sus sangüiches de miga y su cerveza de barril nos daban ilusión de salir con los viejos: yo no conocí otro restaurante en mis primeros 15 años, solo pizzerías y cantinas de puchero y milanesa.
Había sí las grandes tiendas como Harrods y Gath & Chaves a la manera de Londres y confiterías por doquier donde tomar el té y cabarets con orquesta típica y jazz: yo conocí el Cabaret Empire de Corrientes y Esmeralda cantando para Eduardo del Valle en reemplazo de Julio De Caro cuando tenía baile contratado en clubes barriales, pero desde el escenario porque nos prohibían alternar con las coperas.
Pero no había sino unas escasas galerías de una planta (nadie subía al segundo piso, se decía), no existían los centros comerciales y mucho menos los Multiplazas, del mismo modo que los argentinos fueron los más reacios a reemplazar el almacén de la esquina (el del gallego papá de Manolito el amigo de Mafalda) con entregas a domicilio en bicicleta, pero cuando lo hicieron no dejaron casi ninguno en pie.
Después, las ciudades crecieron, los espacios se redujeron y los centros comerciales se asomaron tímidamente en San José para competir con negocios como La Gran Vía, El Bar Azul, Muñoz y Nanne, Brolatto y Peinador, Uribe y Pagés, incipientes autoservicios sin parqueo que crecieron hasta desbordar el mundo de pulperías que eran centros sociales, políticos y de negocios de cada pueblito tico.
Los centros comerciales siguen creciendo en Centroamérica, en especial en las ciudades con problemas de violencia para así preservarse mejor de la inseguridad propia de la calle y la carencia de estacionamientos en la vía pública, ya de por sí es casi imposible ir al centro de la ciudad sin dar vueltas hasta lograr detenerse, cargando con los riesgos que ello representa.
En la calle quedan las cadenas de los comederos de fast food con pollos, hamburguesas, pizza, comida mexicana, maiceros, pescados y lo que usted imagine pero observe con cuidado: salvo en el centro donde tienen otro público, sin parqueo no se sobrevive.
Los centros comerciales nos demostrarán en diciembre su capacidad de convocatoria y entonces tendremos idea clara de la crisis, aunque tengo mis dudas porque si Costa Rica se clasifica, los ticos se olvidan de la crisis y de las fiestas y aterrizan en Sudáfrica.

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