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Martes 27 Noviembre, 2012

Lara, abogado y legislador apasionado, era un creyente en la armonía entre los seres humanos y las naciones, como lo demostró a lo largo de su fecunda vida


El canciller de la reconciliación

Costa Rica fue uno de los primeros países del Continente Americano que rompieron relaciones diplomáticas y le declaró la guerra a Alemania, Italia y Japón.
Por diferentes razones de orden nacional e internacional, la situación jurídica de paz y de relaciones diplomáticas plenas no pudo ser restablecida sino hasta años después de terminado el conflicto mundial
Con Italia, el canje de notas Facio-Zanotti (1948) puso fin al estado de guerra entre ambos países.
Resuelto ese primer problema, quedó pendiente la situación con Alemania y Japón, que se mantenía en febrero de 1952, cuando Fernando Lara Bustamante asumió por primera vez como Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica.
Lara, abogado de sólida preparación y legislador vehemente y apasionado, era sin embargo un profundo creyente en la armonía entre los seres humanos y las naciones, como lo demostró en múltiples oportunidades a lo largo de su fecunda vida.
Fue también el promotor original de la idea de que Costa Rica proscribiera el ejército y basara su seguridad externa en el Derecho Internacional.
Con esas credenciales, no es de extrañar que durante su primera gestión en la Casa Amarilla se lograra el pleno restablecimiento de la concordia entre Costa Rica, Alemania y Japón.
Debido a la muy particular situación en que había quedado Alemania después de la Guerra Mundial, nunca hubo una conferencia de paz general, como la de Versalles, y cada país interesado había tratado de arreglar por su cuenta su situación con Alemania o viceversa.
Desde 1950, el conde Franz von Tattenbach, antiguo diplomático alemán en Costa Rica y esposo de la costarricense Luisita Yglesias, hija del Presidente Rafael Yglesias, había iniciado gestiones personales para promover la reconciliación entre Costa Rica y Alemania.
La idea contó con el apoyo del Canciller Lara, y después de largas negociaciones, en abril de 1952 la Legación de Costa Rica en París comunicó a la de la República Federal de Alemania en esa ciudad que el gobierno costarricense había resuelto restablecer las relaciones diplomáticas a partir de esa fecha y conceder el beneplácito al doctor Eugen Klee como Ministro Plenipotenciario de la República Federal en San José. Así quedaron plenamente restablecidos los vínculos diplomáticos y terminado el estado de guerra.
Con Japón las cosas fueron menos complicadas, debido a que en 1951 sí se había efectuado en San Francisco de California una conferencia de paz de la que Costa Rica fue participante.
En junio de 1952, durante la gestión de don Fernando Lara, nuestro país ratificó el tratado suscrito en San Francisco y de esa manera quedó jurídicamente concluido el estado de guerra con Japón.
Fue también con Fernando Lara como Canciller que se restablecieron las relaciones de Costa Rica con Perú (octubre, 1952) y República Dominicana (febrero, 1953), rotas desde 1948.
En su época como Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la administración Trejos Fernández (1966-1970), don Fernando fue nuevamente abanderado de la reconciliación restableciendo los vínculos diplomáticos de Costa Rica con varios países latinoamericanos, interrumpidas por golpes militares.
Canciller de la reconciliación, también tuvo que enfrentar la amarga coyuntura de la guerra entre El Salvador y Honduras en julio de 1969, y junto con sus colegas de Guatemala y Nicaragua desplegó extraordinarios esfuerzos para restablecer la concordia en la familia centroamericana.
En sus propias palabras, “Solamente en un ambiente de paz, de cordialidad y de respeto a los derechos humanos, puede concebirse la vida y alcanzarse el progreso hacia los objetivos de unión por la cultura, la educación, la industria, el comercio y en otros campos y actividades en que perfila nuestro común destino centroamericano.”
Los ideales de este caballero de la paz, honor de la diplomacia costarricense, siguen teniendo vibrante y fecunda actualidad. Ojalá que los centroamericanos de hoy y los del porvenir encuentren en su vida y en su credo de conciliación inspiración para trabajar con entusiasmo por una región en paz y en libertad. Ojalá que Costa Rica, la patria por la que tanto hizo, reconozca sus méritos y guarde su memoria con el respeto y la admiración que merece.

Bernd H. Niehaus Quesada
Exministro de Relaciones Exteriores y Culto