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El arte de la mentira
Exjugadores y árbitros consideran que fingir lesiones es falta de hombría y honestidad
Parte II

Hay un exportero de uno de los equipos llamados grandes de este país, que me dio buenos ingresos. En tres ocasiones, viendo los partidos de su equipo por televisión (donde puede ver las repeticiones) aposté que en la segunda parte ese arquero iba a tener al menos una lesión, bajo mi tesis de que sus lesiones estaban programadas: las tres veces gané.
En Costa Rica, fingir o exagerar lesiones es cosa de todos los partidos, lo que afea los espectáculos y recorta en mucho el tiempo real en los juegos.
Evaristo Coronado, una leyenda en el fútbol nacional, asegura que nunca comulgó ni comulga con esa situación e incluso la consideró como falta de hombría del jugador.
“Uno como delantero tiene que demostrarles hombría a los defensas, para que lo respeten. ¿Qué respeto puede tener un defensa por un delantero o rival que se esté revolcando en el suelo, fingiendo una lesión, en vez de demostrarles a ellos que tienen a un hombre enfrente y no a un actor? Diferente es cuando te pegan de verdad”.
Coronado destacó que cuanta más fama tenga el futbolista, más nocivo es el comportamiento porque “los niños crecen imitando a sus ídolos”. El exgoleador morado detalló que ese tipo de acciones son mal vistas por muchos aficionados, por el equipo rival y muchas veces por los mismos compañeros.
Por su parte, Leonel Leal, asistente arbitral que ha estado en varios mundiales de fútbol, concluye que para algunos equipos el fingir lesiones, principalmente de los porteros, “se convierte en una estrategia más del juego”.
Para él, si bien los árbitros pueden amonestar a los futbolistas si determinan que están fingiendo, lo cierto es que “al final de cuentas este tema pasa mucho por la honestidad de un jugador”.
Leal dijo que el problema real que tienen los árbitros es que casi siempre deben detener el partido debido a la duda, ya que solo un médico puede determinar si el futbolista está realmente lesionado.
Este asistente también expresó varios tipos de situaciones, como que hay jugadores que después de perder largo rato se les pide camilla, pero cuando esta ya viene, se paran queriendo salir por sus propios medios, para atrasar más el juego, o quienes en este mismo caso, ya van sentados en la camilla y apenas salen del terreno se paran y quieren reingresar, o los que saben que los van a sustituir y se hacen los lesionados para que el cambio dure más tiempo.
Para este experimentado línea, la práctica de perder tiempo, principalmente con los porteros, se da más en los juegos de las 11 a.m., ya que “es un tiempo que los jugadores utilizan para hidratarse o recibir instrucciones de su técnico”.
Por último, consultado al respecto, el doctor Willy Gálvez, médico del Saprissa, sobre la situación de los médicos como asalariados de los equipos contestó que “le puedo hablar solo desde la óptica del Saprissa y yo no me presto para esas situaciones”. Gálvez dio como ejemplo el caso del campeonato pasado, en un partido donde entre Walter Centeno y él hicieron pararse al portero Víctor Bolívar que no tenía nada.
Gálvez también mencionó el caso de Elías Palma, quien se lesionó en un partido ante Herediano cuando su equipo tenía ocho jugadores y tras su salida se terminó el juego. “Conozco al doctor de la Liga, Alfredo Gómez, y estoy seguro de que nunca se prestó para eso”.
El galeno terminó indicando que el médico también puede ser engañado por el jugador ya que “si el futbolista dice que le duele algo es imposible determinar en unos segundos que no es cierto”.
Lo cierto en este tema es que hay futbolistas que hasta se quitan los implementos (guantes en el caso de porteros), cuando fingen una lesión, para luego volver a ponérselos y perder más tiempo.
Uno de los problemas de esta situación es que cuando nuestros jugadores salen al exterior y los tratan con dureza y los árbitros no hacen caso de sus llantos, entonces se dan cuenta de lo malo de practicar el arte de la mentira. ¿Hasta cuándo seguirá sucediendo esto?

Luis Rojas
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