El antes y después de Denver
El campo blanco selló la unión de la Selección Nacional en la eliminatoria. www.imagenesencostarica.com/La República
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El antes y después de Denver

La nieve, lejos de enfriar a la selección, la calentó en su amor propio

El 22 de marzo es sin duda una fecha que los costarricenses no van a olvidar. Esa noche, en Denver, Colorado se vivió una de las noches más negras del fútbol, donde todos los elementos de juego limpio, fueron vilipendiados.
Pero, en medio de lo negativo que se pudo vivir en tierras norteamericanas, el beneficio de lo que dejó esa helada noche, que caló en lo más profundo del ser costarricense, fue mucho mejor de lo esperado.
Hasta ese compromiso el rendimiento de la Selección Nacional no llenaba todas las expectativas, unos días sí y los otros no, existían dudas del accionar, no solo grupal sino colectivo.
Se había clasificado en la cuadrangular, ante México, Guyana y El Salvador, dejando los pelos en el alambre, y en el inicio de la hexagonal no todo era de color de rosa, sobre todo por un insípido y complicado empate a dos en Panamá.
Pero llegó ese viernes, donde al final de los 90 minutos en lo único que la selección perdió fue en el marcador, el resto fue ganancia, como lo asegura el asistente técnico de la Tricolor, Luis Antonio Marín.
La mano derecha de Jorge Luis Pinto apunta que previamente a ese compromiso ya el equipo iba por una buena senda, pero que sin ninguna duda, en Denver se consolidaron factores como la unión de grupo, personalidad y carácter, que se mostraron por primera vez cuando se jugó en El Salvador.
“Lo que se dio fue una comunión total con el pueblo, la prensa, el país, ese matrimonio empezó allí. El grupo sintió el cambio desde que terminó el partido por medio de las redes sociales y la misma prensa”, aseguró Marín.
Y no es que sientan que la afición no los había respaldado, prueba de eso es que todos los partidos de la primera fase se jugaron a estadio lleno, pero sí es evidente que a nivel país el cambio de actitud fue total.
Marín detalla que fue el clic que faltaba y que de inmediato todos en el grupo sintieron la diferencia, lo que caló fuerte en el grupo, que aumentó el compromiso de llevar a la selección al Mundial. “Había que morir por la camiseta, por el país”.
En la intimidad del cuerpo técnico, junto a Paulo Wanchope, también hablaban del tema, ya que apuntaban a unir cada vez más el grupo y lo habían logrado concretar gracias a un factor externo e inesperado.
Y es que lo externo repercutió en la cancha, el equipo mejoró su accionar y a nivel de resultados el paso fue a la medida inglesa, ganando todo en casa y puntuando afuera, incluyendo el Estadio Azteca.
“Fue un impulso y había que aprovecharlo, fue el impulso para jugar mejor y darlo todo, desde allí no hemos vuelto a perder, de esa mala experiencia salió todo positivo”, recalcó Marín.
Para sellar el éxito solo queda en los dos próximos partidos, ya con el boleto al mundial en el bolsillo, acabar con victorias.

Cristian Williams Méndez
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